Un caramelito.
En mi infancia, sufrí de una enfermedad llamada “fiebre reumática”, era muy dolorosa y el tratamiento era igualemnte doloroso, pues era hecho con penicilina, en una dosis de 2 4oo ooo ampollas diarias. El tiempo fue pasando y, gracias a Dios, fui sanándome, entonces las dosis fueron disminuyendo en su frecuencia. Lo cierto es que, a veces, después de la inyección, algún que otro doctor me ofrecía un caramelito, en “recompensa”. No calmaba para nada el dolor, pero sentía el cariño del doctor y la tierna sonrisa de mi mamá que daban cierta sensación acogedora.
El fin de semana se presentó como uno de esos lindos, soleados, pero con una suerte de nostalgia en el aire, como esas tardes de cerrazón que presagian una lluvia, así también, en mi, las ganas estaban algo veladas por algo que no podía describir. ¿No te pasó eso antes?. Mal descrito sería: “un no sé qué” en el alma. En el trnascurso del sábado viví una situación que, en mi país natal, acostumbramos a llamar de “bajón” que propició esta condición. Lo cierto es que, como Dios es “Abba”, “Papito”, y no se hace esperar cuando corremos a Él como un niño que espera encontrar en los brazos de su papá toda la seguridad que le hace falta.
Le dije:”bueno, y ahora, decime que vamos a hacer?.Porque, sinceramente, yo no sé como llevar esto, vos lo permitiste, me ‘bajoneó’, ahora estoy aqui, estoy desparramada en vos, en tus brazos me lanzo, tenés que sostenerme. No te estoy mandando, te lo estoy implorando, pero con la seguridad de quien se sabe ‘hija amada’, con derechos de obtener de su padre lo que pide. Yo estoy ‘bajoneada’ y espero mi consuelo. No me voy sin antes recibirlo”
Fue ese el día en que me regaló un dulce caramelito de consolación. Se materializó en una persona que, junto con unos hermanos y amigos de la comunidad, nos llevó hasta una de las maravillas del mundo: El Jesucristo Redentor .El famoso de Rio de Janeiro!!. Cuanta belleza. Sólo por si no lo sabías, te cuento que está en una montaña a 709 mts sobre el nivel del mar, y la imagen tiene 48 mts de altura. Desde ahi se puede ver toda la ciudad de Río de Janeiro. Ahi, de pie, ante la gigantezca estatua, me sentí aun más pequeña. La miraba fijamente a la sombra de un papel que usé como visera, me di cuenta de un detalle: bien en el centro del pecho de la imagen, está diseñado un corazón. En ese lugar posé mis ojos y sentí como si sus inmensos brazos estabuieran abiertos sólo para abrazarme y apretarme contra aquel corazón.

Fue ahi que me di cuenta de que Él me llevó hasta ese lugar para hacerme vivir fuertemente su consuelo. Tal vez, no cambiaría la situación, pero Él me estaba dando nuevas fuerzas. Pues pensé que si así me impresionaba con el tamaño de una imagen de piedra, cuanto más no debería de emocionarme con la inmensidad de su amor!!. Me sentí repentinamente estremecida, enternecida por tanto amor!!.Unos minutos antes, reclamaba mi consuelo y después, ahi estaba yo, no en el estadio Maracaná, no en la playa de Copacabana, sino que a los pies de Jesús. Sí, era una imagen, pero ella me llevó a tener un encuentro con un Jesús real en la Capilla que está en la base de la imagen, ahi, ante el Sagrario me derramé en sus brazos Eucarísticos y el deseado consuelo llegó. Y digo más, no fue el tipo de consuelo que ofrece una respuesta, sino el que ofrece amor que da fuerzas para soportar la espera de las Promesas. Nada más y nada menos.
Fue así que, al igual que con aquella dolorosa inyección recibía un caramelito de consuelo, sin que pasara el dolor, recibí mi “caramelito celestial” de manos de Jesús, sin que pasara el dolor, pero con amor para aguantar. Al final de cuentas, Él es el médico de los médicos.

