Una divina seducción

Filed under: Coloquios — Marisa Reyes at 7:41 pm on Miércoles, octubre 15, 2008

En portugués existe una frase que reza: “A saudade aperta” que signifia más o menos: “la nostalgia duele”

Es un hecho que no puedo negar, como misionera viviendo fuera de mi país, es pesado, por más de que sé y siento que estoy viviendo la voluntad de Dios, es difícil, a veces, salir al balcón de mi casa y al ver la luna, no recordar el estribillo de una dulce guarania que dice: “En esta noche lejana, quisiera ver esa luna, que con su luz acaricia a mi hermoso Paraguay” Y es que en Asunción existen noches en que la luna se ve gigante, hermosa, perfectamente redonda, muy luminosa… recuerdo que una amiga argentina se quedaba maravillada ante el tamaño y la belleza de la luna que hasta podía encandilar. La llamábamos “luna eucarística”

Los recuerdos de la geografía o las “cosas” son los más leves, es más pesado cuando se recuerdan los afectos, la familia, los amigos, inclusive, las mascotas …
Saber que se ha dejado todo para vivir el Evangelio es una sensación indescriptible, porque se sale del mundo natural para encontrar las respuestas en el nivel sobrenatural. Y es que humanamente es incomprensible, salir de la patria, dejar un buen trabajo, una familia maravillosa, posibilidades de “éxito” en términos laborales … pero el llamado es tan fuerte, que negarse sería repetir la historia de aquel joven rico, que, negándose a venderlo todo, se marchó triste, porque a pesar de que “cumplía la ley”, aun estaba apegado a sus cosas y no las cambiaba por el amor de Jesús.

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Hoy sé que nada me daría la felicidad que se siente al estar viviendo totalmente entregada al Señor, como hoy. Puedo afirmar que “a saudade aperta”, si, pero sé que voy tras la corona que no se marchita, que he escogido la mejor parte, que tendré cien veces más, y muchas otras afirmaciones bíblicas que me sostienen en esta caminata.

He dicho en más de una ocasión que, mi “si” dado a este llamado, es por amor a Dios, pero, también lo es por amor a los demás, comenzando por mi familia. Pues desde que salí de casa, Dios ha visitado más a mi familia, porque Él es Dios, yo soy una sencilla humana limitada, que sólo puede dar imperfecciones, Dios es Dios, Él es amor. Él ha tocado el corazón de mi padre, y hoy, él es un hombre más entregado a Aquel que me llamó. En más de una oportunidad le dije al Señor: “Señor, yo vine totalmente a vos, porque me sedujiste, ahora andá a seducir a mi hermano”. Y hoy, él, un ex escéptico, es capaz de decir de sí mismo: “Suponía que no existían límites para la “fuerza creadora original”.
Ahora me gusta pensar que no hay cómo medir el poder del AMOR de Dios.
Es lo que la vida me demostró. Ahora, humilde y creyente, puedo ver y SEGUIR las señales que me llevan de vuelta a donde pertenezco… a donde TODOS pertenecemos: a casa!”

Tantas cosas ha dado el Señor, por el sólo “si”, un “fiat” que ni es comparable con el de la Virgencita, pero que es lo único que pude decir cuando me llamó. Al final, uno da su respuesta para servir a Dios y a los hermanos, y sin embargo, es Él quien se “remanga” y entra a trabajar ahí donde nosotros estábamos, y, claro, todo queda indescriptiblemente mejor.
Y es así como Él sigue seduciendo, no para, como perfecto galán, no se contenta con el “si” y sigue correspondiéndome. No me queda otra, sólo puedo sucumbir en su adoración y decirle a los demás … vengan, vengan que vale la pena, vengan y van a saber lo que es el amor de verdad. Vengan, vengan y no pierdan tiempo, vengan a beber de los manjares de la casa del Rey que puede saciar con sabor de eternidad, vengan a probar un poco de lo que será la Jerusalén celestial …oh, vengan, vengan que hay para todos. ¡Vengan a la casa del Padre!

Coloquios I: “El cuerpo”

Filed under: Coloquios — Marisa Reyes at 8:04 pm on Lunes, junio 2, 2008

Jesús siempre habla a su adorador, pero sólo a veces este está atento. He aqui una nueva categoría para vos, dentro del blog, consiste en la transcripción de aquellos coloquios que el alma “atenta” dejó registrados para nutrir a otras. Que les des buen provecho…ah, y si tenés un “coloquio” que compartir, enviámelo, aqui te espero.

“Cuando ya sentía que el alma iba a salirse de mi cuerpo, lloraba de tanto placer durante la adoración personal. Miraba a Jesús con la tenue luz de la capilla en la que me encontraba, a solas. De repente, sentí como si mi cuerpo estuviese sujetando a mi alma…no sé cómo describirlo; era como un placer en mi interior, no en mi cuerpo. Tal vez, el instinto, me decía que es algo similar a lo que se siente sólo en la intimidad de dos seres que se aman…yo no lo sé… sólo sé que este momento estaba elevando mi alma hacia un nivel antes desconocido.

Estaba de rodillas, con la cabeza casi tocando el suelo, abrazada fuertemente a mi propio cuerpo ante el cuerpo glorioso de Jesús expuesto, era como si fuese a volar, y esta fuerza con la que me sujetaba a mí misma, era la que me aseguraba que lo que me encontraba viviendo era real.

Podría describirlo así, como que un hormigueo del alma, tenía el alma herizada de amor!! Ya en ese momento no me encontraba más a solas en la capilla, una hermana había entrado. Aun así, esta experiencia sobrenatural me embargaba y no quería obstaculizarla. Jesús me llenaba de su gloria, me circundaba su santidad, su belleza y pureza y sumergía mi alma en ellas.

Estaba así, cuando le pedí que me diera la gracia de amarlo más y más y más y más…en ese momento tuve una visión de Él, en el sepulcro, todo lleno de heridas, el cuerpo carmesí, toda una sola herida, carne pura, yacía en su lecho de piedra. Entonces yo comencé a besar su cuerpo, a abrazarlo, como intentando lavar sus heridas con mis lágrimas. Fue entoces que su dulce y firme voz trajo luz a esta visión y me dijo:

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“Sólo asi es que vas a conseguir aumentar tu amor por mí, sólo abrazando mi cuerpo. Sólo así tu amor por mi crecerá”

En ese mismo instante comprendí que Jesús se refería a su cuerpo místico, la Iglesia, mis hermanos. Debía abrazar la Iglesia.Salí de su presencia en el Sagrario para abrazar su presencia en mis hermanos. Espero poder abrazar este cuerpo de la misma forma que lo abracé en el sepulcro, aun con llagas y heridas, abrazar, sólo abrazar y ser canal de sanación y consuelo para este cuerpo tan herido.

Oh, Señor, dame esta gracia! Maranathá!”