La venida de Jesús responde al profundo deseo de Dios Padre de dar salvación a su pueblo, que tanto amaba y necesitaba conocerlo. El mejor camino fue dar a su hijo para que llegaran a él a través de Jesús.

Para concretar este sueño, escogió a María, que era un ser humano excepcional, pero al fin y al cabo un ser humano. María tenía sueños, ideas, historia y limitaciones, como tú o como yo. Sin embargo, entregó a Dios su humanidad completa, y no solo durante la gestación de Jesús, sino que lo hizo durante toda su vida, en el día a día. Con la ayuda de su madre, Jesús dio los primeros pasos, tal vez ella le enseñó alguna oración, curó las heridas luego de sus juegos, en fin, Jesús conoció el mundo de la mano de María.

María al asumir esta responsabilidad sabía que sólo era un ser humano, pero también confiaba absolutamente y, sin dudar, en que Dios sería su fortaleza en cada etapa de esta misión. Por eso estaba en constante comunión con él a través de su vida de oración y de fe. Esto la hace un ser humano excepcional, distinto.

Hoy, cuando solo llevamos unos días de este nuevo año y nos vamos proyectando sobre lo que haremos en él, te invito a que pienses esto: María le entregó a Dios su confianza humana absoluta y Dios realizó prodigios en ella…entonces, ¿qué es lo que Dios necesita de tu propia humanidad?, Dios necesita de tu entrega para llevar a cabo su misión en ti y en quienes te rodean. Él será tu fortaleza como lo fue para María, y como con ella, hará maravillas en ti, solo necesitas tener el corazón dispuesto a escucharlo.

Stephanie Silva

Canción Nueva Chile

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