La espera es siempre el precio y la certeza de la felicidad

Son parte del proceso de la madurez humana las dudas y la cantidad de preguntas que nos hacemos. Cuando se trata de relacionamiento, esto aumenta. Cuando conocemos a alguien y comenzamos a crecer en la amistad, llega un momento en que nuestros sentimientos se confunden y la vieja pregunta surge en nuestro corazón: ¿Es noviazgo o amistad? El problema no está en cuestionarnos, sino en querer obtener respuestas inmediatas. Quien no espera el tiempo justo de la respuesta y se precipita, no sólo corre el riesgo de perder una buena amistad sino también puede perder un buen noviazgo.

Cuando se trata de sentimientos, las confusiones interiores son naturales. Nuestro corazón, muchas veces, es territorio desconocido y sorprendente. En cada nueva experiencia reacciona de manera rara, desconcertándonos y dejándonos sin saber cómo actuar. No hay una regla en lo que se refiere al sentimiento y a las relaciones, sólo la prudencia para parar, esperar, observar para después  actuar.

Toda amistad pasa por fases de madurez, las cuales se van desencadenando a medida que nos acercamos a la otra persona. Una de esas fases es conocida por las personas más entendidas como “enamoramiento” pero nosotros preferimos llamarla “pasión” cuya definición muestra bien los sentimientos que son vividos en ese período: sentimiento fuerte; designa amor, atracción, acentuada predilección, etc. Cuando nos acercamos a alguien, nos convertimos en amigos- sea de un hombre o de una mujer – existe ese  momento de querer estar siempre cerca, de saber y de participar de la vida del otro, de sus luchas, de sus deseos, de querer el bien, de importarse con todo lo que él vive, de cuidar, de amar de forma concreta. Es justamente de esa fase, completamente espontánea en cualquier amistad, de la que estamos hablando.

Es en ese momento del relacionamiento que la pregunta aparece y comenzamos a cuestionarnos, lo que es muy natural, principalmente si es una amistad entre un hombre y una mujer. Pero si intentamos, ya en este momento, dar respuestas a ese cuestionamiento podemos echarlo todo a perder. Esto ocurre porque la pasión es común tanto en la amistad, como en los relacionamientos amorosos, lo cual puede confundir a nuestro corazón. ¿Cómo discernirlo entonces?

Lo primero es dejar pasar ese tiempo de intensas emociones. Dejar que el tiempo sea nuestro mejor amigo y nos muestre la voluntad de Dios para ese relacionamiento, sólo cuando el polvo de las emociones fuertes baja conseguimos percibir las cosas como realmente son. Después de eso vemos a la persona como verdaderamente ella es, sin impresiones inmediatas, percibiendo sus defectos y reforzando sus cualidades. Es en este momento que vamos a parar, meditar y muy sinceramente, buscar en Dios una respuesta, para solo después actuar.

Cuando no se vive este proceso de manera tranquila y santa, muchos problemas aparecen. Una amistad que tenía todo para salir bien, para hacer que dos personas crezcan juntas, puede ir a la basura por la prisa en responder los cuestionamientos interiores. Y así, siempre alguien sale herido por sentirse usado, por desilusionarse con la otra persona y creer que todo no fue más que por puro  interés.

Todo buen noviazgo comienza con una buena amistad. Pero no todas las buenas amistades terminan en un buen noviazgo. Es necesario mucha prudencia, mucha calma y paciencia. Quien vive este tiempo de forma madura acaba cosechando los mejores frutos del relacionamiento. El noviazgo generado por amistad es sano, sin ilusiones o precipitaciones, pues las personas lucharon para conocerse antes de tomar cualquier actitud. Por otro lado, si el relacionamiento permanece como una buena amistad el conocimiento adquirido y la madurez alcanzada por los amigos van a generar mucho respeto, confianza y libertad entre los dos. En ambos casos, la espera siempre es el precio y la certeza de la felicidad.

Tal vez estas con ese cuestionamiento en tu corazón. La relación con alguien muy especial te está llevando a cuestionarte sobre la voluntad de Dios para determinada amistad. Para, espera, observa, reza y sólo después actúa. No quieras juntarte al grupo cada vez más grande de personas  frustradas en tantos relacionamientos, pues confundieron las cosas y cambiaron los pies por las manos. No te dejes llevar por las burbujas de tus sentimientos. Espera que todo se calme en tu interior para que puedas discernir bien la voluntad de Dios y no echarlo todo a perder.

Mientras tanto, es bueno recordar que esa espera en el discernimiento precisa ocurrir de ambas partes. Nadie ama a solas ni convence al otro a amar. Por eso es necesario dejar pasar la fase de la pasión en ambos corazones, para que después busquen juntos – y en Dios- una respuesta coherente.

Quien en sus amistades supo vivir todo esto de forma serena y correcta, hoy puede testimoniar, por los frutos, la realización plena de la voluntad de Dios. Por eso, aprende a esperar para después responder a esta pregunta. Si es amor o amistad sólo el tiempo va a responder, por eso, paga el precio de la felicidad: ¡espera!

Tu hermano;

Renan Félix

Comunidad Canción Nueva

Hablar de castidad es ir más allá de no tener relaciones sexuales, al igual que hablar de virginidad implica el no tener relaciones sexuales antes del matrimonio.

A lo que me refiero es que cuando hablamos de castidad o de virginidad no sólo nos referimos a la pureza del cuerpo, sino que también implica pureza de mente, de espíritu y de intención.

Es decir, no podemos hablar de pureza si a través de la mente, de la vista y por todos los sentidos se han fomentado emociones, pensamientos y deseos que están muy lejos de llamarse vivencia de la castidad.

La castidad implica todo nuestro ser, es decir, cuerpo, mente y espíritu. Es la manera más plena de vivir tu sexualidad.

Es una realidad contundente que vivir la castidad no es fácil, de lo contrario, se requiere de mucha fortaleza para vencer las tentaciones e ir contra corriente en un mundo lleno de falsas ideas de felicidad y de amor. Sin embargo es posible lograrlo ya que para eso Dios nos ha regalado las facultades de la racionalidad, la voluntad, y la libertad, que nos diferencian de los animales ya que tenemos la capacidad de superar los instintos y las pasiones.

Cada vez que estés a punto de caer en la tentación recuerda que Dios te ha dotado de inteligencia, de voluntad y de libertad, por lo tanto tienes una gran responsabilidad, atrévete a aceptarla y a vivir de una manera íntegra y plena, es decir, viviendo tu sexualidad de acuerdo al plan de Dios!

Por: Nancy Escalante

Fuente: ALMAS

“Si te pide la prueba de amor, no te ama”

Se puede decir que la vida es una especie de preparatoria donde el único tema que debe aprenderse es el amor, donde las únicas calificaciones que interesan son las que se refieren a la asignatura del amor, donde la única reprobada absoluta es la de los que no aprenden a amar.

Si tu novio te pide la “prueba de amor” puedes estar segura de que se ama a él mismo, pero a ti, no te ama lo suficiente: Te quiere usar para su placer. “La persona ha de ser siempre afirmada o querida por sí misma”; nunca se le puede tratar como un medio para alcanzar placer, poder o dinero…, porque la rebajamos. En el noviazgo la entrega es espiritual, justamente porque los novios se están apenas conociendo, y no saben si sus caracteres son compatibles, si llegarán al matrimonio… por convicción.

Las relaciones sexuales crean vínculos, así lo ha establecido la naturaleza. Si un hombre y una mujer adolescentes tienen relaciones sexuales fuera del matrimonio, están creando vínculos muy fuertes, y conllevan la posibilidad de ser padres.

Los jóvenes no comprenden porqué es tan dolorosa la separación cuando han tenido relaciones sexuales. Desconocen que las relaciones sexuales son vinculantes, es decir, crean fuertes lazos, propios del matrimonio. Si ese noviazgo es limpio, el matrimonio será más sólido.

Cada ser humano es mucho más que un evento fisiológico, es más que una combinación de informaciones. Cada existencia humana entraña una novedad de ser, que no se da en las demás criaturas. Cada persona es única e irrepetible. Si comparamos al hombre y a la mujer con los demás seres, advertimos de inmediato su superioridad, por el lenguaje, la cultura y su dominio sobre las cosas.

Occidente está en peligro de muerte si el amor fracasa. Esta es la enfermedad que nos consume, porque la salud verdadera sólo reside en la persona que es capaz de amar…, y se está olvidando cómo amar. El único problema realmente importante en la vida es éste: aprender a amar. No es fácil perseguir realmente el bien del otro. Sin embargo, el ser humano es capaz de poner entre paréntesis su conveniencia cuando ha aprendido a amar.

El ser humano ha sido llamado a la vida para amar; tiene la capacidad, la tendencia y la necesidad de amar. Sin embargo, un factor poderoso actúa dentro de él que le impide amar, e incluso entender en la práctica la naturaleza verdadera del amor: el egoísmo.

La vocación fundamental de la persona humana es el amor. El hombre permanece para sí mismo un ser incomprensible si no se le revela el amor. Sólo la persona puede amar y sólo la persona puede ser amada. El amor es una exigencia ética de la persona, y es un sentimiento tan maravilloso, que se ha de guardar celosamente para que no lo robe quien no lo va a apreciar.

Ante todo el amor es cuestión de conocer y de querer; sin embargo, fácilmente se le hace depender de los sentimientos o de caricias físicas que constituyen el nivel más superficial del amor. Amar significa dar y, en la práctica, vemos que es difícil que el amor esté libre de cálculos. Amar implica sacrificarse, implica respetar a la mujer amada… Y si algunos varones no lo hacen es porque no saben amar.

Por: Rebeca Reynaud

Fuente: Almas.com.mx

El hombre no nació para vivir aislado, eso lo sabemos, inclusive aprendemos en la escuela la importancia del relacionamiento.

Podríamos decir que la amistad entre las personas se fundamenta en los encuentros de necesidades diversas y en descubrimientos conjuntos basados en la lealtad y en el compromiso.

Cuando estamos dentro de una convivencia familiar, nuestros abrazos, besos y otras manifestaciones de cariño tienen connotación fraternal. Pero en una convivencia social más amplia se vive otra dimensión en la cual continuamos siendo fraternos, pero con gente que no habíamos conocido hasta entonces.

En nuestras amistades no buscamos subyugar al otro o sacar provecho de alguna situación. Sin embargo, en la experiencia con el sexo opuesto, podemos enfrentarnos con algunas sorpresas, como por ejemplo, creer que un nuevo sentimiento, además de la amistad, puede estar aflorando.

Manifestamos nuestra lealtad por esa amistad a través de las más variadas demostraciones de cariño: abrazos, besos, llamadas telefónicas… Sin embargo ya no estaremos besando a un hermano, ni tampoco abrazando a nuestros padres. Pero, si un noviazgo empieza a partir de una amistad verdadera, ¿cómo podemos identificar si nuestro abrazo está ganando un sabor diferenciado? ¿Podrá aquel(la) amigo (a) ser un (a) futuro (a) novio (a)?.

Si realmente nos proponemos a realizar tal descubrimiento, el primer paso, el cual creo que es interesante de evaluar, sería buscar e identificar en esta persona cualidades, destreza, su sentido de responsabilidad ante los hechos, sus compromisos, etc.

Considerando la posibilidad de vivir el cambio de una amistad a un noviazgo, este será el momento propicio para invertir más todavía en la amistad, a fin de buscar propuestas para los requisitos que consideramos necesarios para nuestra felicidad.

Sin atropellos, y en la madurez que Dios desea concedernos, debemos colocarnos predispuestos a vivir ese tiempo de conocimiento recíproco y de “investigación”, sin anticipar el momento de Dios, preparándonos para vivir “la prueba del noviazgo”.

Dado Moura
Camunidad Canción Nueva

Fuente: cancionnueva.com.es

En los días de hoy, por increíble que parezca, pololear es considerado fuera de moda. “Andar” parece mucho más fácil, ¿verdad? Tal vez, ni tanto. En el “andar”, las personas se encuentran, se atraen y acaban cambiando besos o hasta algo más. Pero es importante decir que ese tipo de relación se caracteriza por la ausencia de compromiso, de límites y reglas claramente establecidas: lo que puede o no puede ser definido en el momento en que el relacionamiento acontece, de acuerdo con la voluntad de los propios “andantes”.

La duración de “andar” varía: el tiempo de un único beso, una noche entera, algunas semanas, meses. En esa situación, volver al día siguiente o buscar al otro no es deber de ninguno de los dos.

Por esa razón, ese tipo de relaciones se vuelve atrayente para muchas personas que desean apenas quedarse con el lado bueno del pololeo, sin responsabilidades o compromisos. A partir de eso, esa práctica acaba sustityuendo el pololeo; muchos jóvenes prefieren apenas cambiar algunos cariños a encarar una relación más seria. El problema es que, muchas veces, viene una carencia, un deseo de tener a alguien.

La persona que siempre “anda”, difícilmente se compromete. Llega una hora en que es natural sentir el deseo de estar con alguien con quien salir, conversar, pasar buenos y malos momentos, dar cariños y besos, en fin, tener un relacionamiento. Algunas personas, a veces, quedan con varios en la misma noche y, a veces, durante varios días.

Para reflexionar:

1. Andar es jugar a pololear

2. Andar es una práctica para ver si resulta la relación

3. Andar es suplir provisoriamente una carencia afectiva y sexual

4. Andar es quedarse solo con lo bueno, sin compromisos

5. En fin, andar no significa enamorarse ni crecer

6. Cristo hace una “alianza” con cada uno de nosotros. Él se compromete, al punto de dar la vida por nosotros.

7. Piensa que Dios tiene lo mejor para ti. Valorizarse es el camnio de la búsqueda de la verdadera felicidad.

 

“El joven no fue hecho para el placer, sino para el desafío” (Paul Marcel, filósofo cristiano francés)

Fuente: www.cancaonova.com