Anunciar el Evangelio no para convencer, porque la fuerza de la Palabra es Jesús, dijo el Papa Papahoy!1_0_806753en su homilía de la misa matutina

¿Qué puedo hacer para escuchar a Dios?

¿Ya escuchaste la voz de Dios? ¿Cómo saber si realmente es El quien te habla?

Al inicio de la Biblia encontramos un verbo que es vinculado a Dios en todo el Libro Sagrado: “Dios dijo” (Gn 1,3). A lo largo de toda la Escritura podemos observar que el Señor mantiene una relación íntima con el hombre, basada en el diálogo. El mismo Libro de la Biblia es un medio que El usa para hablarnos.  Ahora bien, ¿tú ya escuchaste la voz de Dios? ¿Cómos aber si realmente es El quien habla y no nosotros mismos? será que él solo se comunica con personas perfectas?

Podemos asustarnos al ver la vida de los santos y notar el nivel de diálogo que ellos mantenían con Dios. Santa Teresa, por ejemplo, en cierta ocasión en que viajaba, cayó en un pozo de lodo. Entonces miró al cielo y dijo: “Señor, ¿Por qué hay tantas  dificultades en el camino si estoy cumpliendo Tus órdenes?” El Señor le respondió: “Teresa, ¿no sabes que es así que trato a mis amigos?. Entonces ella respondió: “Ah, Señor, entonces es por eso que tienes pocos!”.

comoescuchoaDios

Dios desea estar cerca del hombre, crear intimidad y amistad con él. Observemos por ejemplo, la relación de Dios con Adán. Al crearlo, el Señor permitió que le diese nombre a toda la creación y lo alertó sobre el fruto prohibido. El Señor Dios también le dijo: “No es bueno que el hombre esté solo, le daré una ayuda adecuada”  (cf. Gn 2,15s). Veamos la cercanía con que Dios conservaba al hombre. El nos creó para que convivamos en Su intimidad.

Existe un camino a ser seguido para llegar a una escucha íntima de Dios. Sin embargo, es un camino, no es una fórmula, pues un gran error es querer buscar una uniformidad cuando queremos escuchar al Señor. El nos hizo únicos y nos ama con un amor particular, por lo tanto nos habla de forma individual. El Señor usa el lenguaje al que estamos acostumbrados, nos habla en el idioma que comprendemos.

Vamos, entonces a observar algunos pasos importantes en esta experiencia:

- Buscar a Dios. Esto es obvio, pero necesita ser dicho. No escucharemos al Señor, si no lo buscamos. Dios es una persona, y cuando queremos dialogar con una persona buscamos medios para llegar a ella. Busca momentos para estar con el Señor, sólo con El, sin celular, sin música, sin lectura, apenas con El. “Cuando quieras rezar entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza, a tu Padre” (cf. Mt 6,6).

- Di lo que quieras decir. Muchos sufren pues durante la oración están con la cabeza llena, piensan en muchas cosas, ven muchas situaciones y se distraen facilmente. Lo que nos puede ayudar es, al llegar a la capilla, hablar a Dios todo lo que queremos, usar unos diez minutos haciendo una “limpieza” de mente, hablar del cansancio, de la familia, del trabajo, y después de todo eso, silenciar.

- El deseo de obtener una respuesta a veces no ayuda. Muchas veces creamos ansiedad y expectativas que nos interrumpen. La tensión no colabora para que nuestro corazón encuentre el corazón de Dios. Es importante que haya libertad en estar con El, sin obligaciones, ni presiones. No exijas que Dios te hable, y no te exijas una actitud o la necesidad de hacer alguna cosa. Sé libre junto a El.

- Silencia. Estamos hablando de diálogo, una gran dificultad de la relación humana pues no aprendemos a oir al otro. La agitación y el ritmo acelerado que la sociedad vive nos deja siempre con prisa, queriendo todo para ahora. Así no dejamos hablar a las personas, nos anticipamos a que el otro hable, queremos adivinar lo que él va a decir. La forma con que actuamos con las personas, en la agitación, la transferimos a Dios. Después de un momento de oración , de decirle a Dios todo lo que querías, es importante darle un tiempo para que te responda, es necesario silenciar en el ambiente y en nuestros corazón.  El principio de una buena escucha es dejar que el otro hable.

=>Encuentrate con Jesús en la oración

¿Dios realmente habló conmigo?

A veces nos deparamos con esa duda. Para eso necesitamos tener siempre en mente que el Señor no se contradice. Por eso, si aquello que escuchamos está en contra de alguna Ley que El ya instituyó, contra el amor al otro o contra la Iglesia, será fácil saber que no viene de El.

Conforme creamos intimidad con el Señor, reconoceremos su voz en nuestra conciencia, más rápido. El también nos habla en los acontecimientos, en la Biblia, por medio de una canción o de otra persona. Particularmente ya Lo escuché en momentos de contemplación a Jesús Eucaristía. El Señor también habló directamente a mi corazón. En otro momento, El respondió mis preguntas a través de acontecimientos: yo quería saber si determinado hecho era su voluntad y las cosas se aclararon de tal forma que vi la mano de Dios obrando sobre mi.

=>Ser firmes en la oración

Frente a las experiencias que traigo, hay un punto importantísimo que prueba realmente que Dios habló conmigo. Cuando El habla, Sus palabras resonan por mucho tiempo y lo que El dice se cumple: “Lo que dije, lo ejecutaré, lo que concebí, lo realizaré”  (Isaías 46,11). ¡Dios es fiel a lo que dice! Y lo que El dice se graba en nosotros, no se borra, porque su voz resuena en nuestra existencia.

El Señor quiere cultivar con cada uno de sus hijos una relación personal e íntima. Reza y pide esa intimidad al Espíritu Santo pues El es el mediador.

Que el Señor nos de un corazón abierto y oidos atentos a su voz.

Paulo Pereira
Misionero de la Comunidad Canción Nueva

 

La alegría hace la diferencia

“No te limites a hacer la voluntad de Dios, es necesario hacerla con alegría” (San Francisco de Sales)

El mayor deseo de Dios para nosotros, al contrario de lo que se piensa, es que seamos felices. No está en sus planes  vernos caminando o sirviendo como personas sin gracia y sin alegría. Lo que más agrada el corazón del Señor es saber que nos alegra caminar y vivir Sus planes. Por eso debemos tener mucho cuidado al pensar sobre nuestra vocación y nuestra relación con Él. ¿Cuántas personas se frustran con nuestros discursos sufridos del caminar con Dios, con nuestro anuncio de tantas dificultades en la misión y nuestro pequeño testimonio de alegría y felicidad?

La alegría hace la diferencia 2

El sufrimiento solo tiene sentido si, con él, tenemos el propósito de alcanzar la eterna alegría, de agradar al Señor, ser semejante a Él. Sufrir y amar el sufrimiento es masoquismo. Sufrir con alegría es, en realidad, reconocer en el sufrimiento un camino de crecimiento y santificación.

¿Imaginas como debe ser embarazoso para aquel que nos ataca ver que nuestra fe y la alegría no son afectadas por sus planes y trampas malignas? Cuando conseguimos permanecer firmes, aún en la “tormenta”, eso demuestra que nuestra fe no es momentánea y sin fundamento, sino que estamos verdaderamente bajo la protección de Dios y en comunión con Él en todos los momentos.

Cuando nos deparemos con una situación que no nos es agradable y que, al mismo tiempo, es inevitable, pidamos la gracia de permanecer y ser firmes. Vamos a ser felices si conseguimos vivir. La decisión por el camino a seguir pasa también por nuestra decisión personal que Dios respeta y ayuda a seguir.

Recuerdo aquellos mineros que quedaron presos en una mina en el Chile y de la alegría que tenían delante de aquella situación extrema y difícil. Lo que los llevaba a sonreir fue la esperanza de renacer de la pesadilla y luchar por la vida. Ellos fueron héroes para muchas almas desesperadas. Con ellos podemos aprender que nosotros también caminamos en un mundo de oscuridad y dificultades, pero nuestra alegría es que Dios esta también llegando para rescatarnos. Por eso debemos alegranos, esta debe ser nuestra esperanza de vida y sobrevivencia en medio a tantos desastres en los tiempos actuales.

¡Amén!

=>¡Que el Espíritu Santo transforme nuestro llanto en alegría!

Traducción: Thaís Rufino de Azevedo 

Por: Alan Ribeiro Fernandes

La vida en Cristo exige justicia, misericordia y fidelidad

Homilía 26 de Agosto del 2014 

No dejemos de lado el espíritu de la fe. No se vive la religión de Jesucristo sin la práctica de la justicia, misericordia y de la fidelidad.

Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos hipócritas! Ustedes pagan el diezmo de la menta, el anís y del comino y dejais de lado las enseñanzas más importantes de la Ley como la justicia, la misericordia y la fidelidad” (Mateo 23, 23).

Jesús continúa su oposición y al mismo tiempo, la enseñanza sobre el peligro de la vida farisaica vuelta a observar las prácticas externas de la Ley de Dios y a pesar de todo, deja de lado lo esencial de la Ley Divina. Vean, los fariseos pagan exactamente el diezmo y hacen cuestión de realizar todo en la medida, sacar cada medida y mostrar para los hombres que cumplen con sus deberes y sus obligaciones. Pero lo esencial no lo viven: no colocan en práctica la justicia. Justicia en el sentido de ser justos unos con los otros, de saber reconocer los valores y las necesidades de los más pobres, de quienes más sufren, de los injusticiados. HAcer justicia quiere decir reparar en los errores, no permitir que la injusticia prevalezca ni reine, ni triunfe en ningún lugar.

“Ustedes no practican la misericordia“, la misericordia viene como el corazón de la Ley Divina, la misericordia es el resumen, la esencia, del corazón de Dios, que conoce nuestras miserias y nuestras fragilidades. Es movido por compasión, el Señor no nos trata según nuestras faltas sino conforme a Su amor infinito y a su bondad. El Señor nos molda según Su corazón misericordioso. Quien experimenta en su vida la misericordia divina sabe tener misericordia con su prójimo.

“Ustedes dejan de lado la fidelidad”, la fidelidad al corazón de Dios, fidelidad a la ley de Dios y al amor de Dios. Ser fiel quiere decir comprometerse con la vida, con el corazón; ser fiel significa estar aplicado, a pesar de equivocarse, a reparar sus propios errores.

Saben, mis hermanos,  ¡No! Si rezamos, si participamos de las cosas de la Iglesia, de alguna pastoral o grupo, no dejemos de lado el espíritu de la fe, no dejemos de lado, de ninguna forma, el espíritu que mueve nuestra fe. No se vive la religión de Jesucristo sin la práctica de la justicia, de la misericordia y de la fidelidad.

¡Dios te bendiga!

Lee AQUI más homilías

Padre Roger Araujo
Comunidad Canción Nueva

 

 

vocacionsacerdotalreligiosa

 

Vocación sacerdotal y religiosa: ¿cómo se si soy llamado a vivirla?

Jesus llamó a sus apóstoles “aquellos a quienes él quiso”, después de pasar la noche en oración. La Iglesia vio ahi el llamado al sacerdocio y también a las otras formas de vida religiosa. Es Jesús quien llama al jóven a la vida sacerdotal, y no es facil. La vida religiosa exige muchas renuncias para ser “todo de Dios”, estar al servicio de Su Reino para la edificación de la Iglesia y la salvación de las almas.

La palabra “vocación” viene del latín vocare, que quiere decir “llamar”. Dios pone en el corazón del jóven ese deseo de servirlo radicalmente, indiviso, full time, en tiempo integral, sin división.

Para discernir ese llamado divino el jóven necesita, sin duda de un buen director espiritual, un padre o un laico con experiencia para ayudarlo. Pienso que algunas señales que indican la vocación de un jóven al sacerdocio o a la vida religioso son:

1 – Tener ganas de entregar la vida totalmente a Dios sin guardar nada para sí mismo, ser como Jesús totalmente disponible al Reino de Dios. Ser otro Cristo alter Christus. Abrazar el celibato con gusto, ofreciendo a Dios la renuncia de no tener esposa, hijos, nietos, voluntad propia, etc. Es un matrimonio con Jesús. El dijo que recibirá en céntuplo en esta vida y la vida eterna después, quien deja todo por El y por el Reino. Jesús dijo que las raposas tienen sus nidos pero que El mismo no tenía donde reclinar la cabeza. Esto es señal de una vida despojada de todo. Nada le pertenecía, ni la gruta donde nació, ni el burro que lo llevó a Jerusalén. Tampoco eran suyos el barco donde predicaba ni el manto que los soldados echaron a suertes. Ni la casa en Cafarnaun, donde vivía. Todo le fue prestado. Cristo era despojado de todo, a El sólo le pertenecía la cruz.

Don Bosco dice que no puede haber una gracia más grande en una familia que tener un hijo sacerdote. Es verdad. El padre hace lo que los ángeles no pueden hacer: perdonar los pecados, realizar el milagro de la Eucaristía, hacer presente el calvario en cada Misa para la salvación del mundo.

2 – La vocación religiosa exige que el candidato tenga el deseo de trabajar como Jesús, por la salvación de las almas sin pensar en un proyecto para su vida. Exige una entrega total en las manos de Dios, deseo de vivir sumergido en el Señor. Le debe gustar la oración, estar con Dios, mediar Su Palabra, participar de la liturgia, pues sin eso no se sustenta la vocación sacerdotal.

El demonio tiene muchas razones para tentar a un sacerdote o religioso pues este arrebata las almas. Entonces, el religioso consagrado tiene que vivir una vida de extrema vigilancia, mucha oración y mortificación, como dijo Jesús.

3 – Amar la Iglesia de todo corazón, tenerla como Madre y Maestra, ser sumiso a las enseñanzas de su Magisterio. Ser fiel a la Iglesia y a sus pastores, sin enseñar nunca algo que no esté de acuerdo con el Sagrado Magisterio de la Iglesia. Vivir lo que decían los Santos Padres: sentire cum Ecclesia. Amar al Papa, los obispos, La Virgen, los ángeles y santos, los sacramentos, la liturgia y todo lo que confrma nuestra fe católica. Amar la Biblia y gustarle meditarla todos los días. Desear estudiar teología, filosofía y todo lo que el Magisterio Sagrado de la Iglesia nos recomienda y enseña. Le debe gustar meditar, hacer retiros espirituales y buscar permanentemente la santidad. Desear, como dice San Pablo, alcanzar la estatura adulta de Cristo, ser un buen pastor para sus ovejas.

4 – Desear vivir una vida de penitencia, en la simplicidad, en la pobreza evangélica, en la obediencia a sus superiores, abierto a todos en un diálogo franco. Ser todo para todos. Estar dispuesto a obedecer siempre a su obispo y superior toda la vida, sea cual sea su decisión sobre ti.

5 – Estar dispuesto hasta a dar la vida por la Iglesia, por las almas y por Jesucristo.

Tal vez he sido un poco exigente pero para quien desea ser un “sacerdote del Dios altísimo”, creo que no se puede pedir menos. Quien opta por la vida sacerdotal se debe entregar de cuerpo y alma a ella: no puede ser un sacerdote o religioso más o menos. Sería una frustración personal y para Dios. Es mejor ser un buen laico que ser un mal religioso.

Lee más:
=>Tu vocación es linda, asúmela
=> Desafíos de la vocación

Profesor Felipe Aquino
Master y Doctor en Ingeniería Mecánica. Recibió el título de Caballero de la Orden de San Gregorio Magno por el Papa Benedicto XVI, es autor de varios libros y presentador de programas de televisión y radio de la comunidad Canción Nueva

 

 

Comentarios

 

- See more at: http://www.cancionnueva.com.es/como-saber-si-tengo-una-vocacion-sacerdotal-o-religiosa/#sthash.RLceGZQ9.dpuf

Tal vez he sido un poco exigente pero para quien desea ser un “sacerdote del Dios altísimo”, creo que no se puede pedir menos. Quien opta por la vida sacerdotal se debe entregar de cuerpo y alma a ella: no puede ser un sacerdote o religioso más o menos. Sería una frustración personal y para Dios. Es mejor ser un buen laico que ser un mal religioso.

Lee más:
=>Tu vocación es linda, asúmela
=> Desafíos de la vocación

Profesor Felipe Aquino

- See more at: http://www.cancionnueva.com.es/como-saber-si-tengo-una-vocacion-sacerdotal-o-religiosa/#sthash.RLceGZQ9.dpuf

Tal vez he sido un poco exigente pero para quien desea ser un “sacerdote del Dios altísimo”, creo que no se puede pedir menos. Quien opta por la vida sacerdotal se debe entregar de cuerpo y alma a ella: no puede ser un sacerdote o religioso más o menos. Sería una frustración personal y para Dios. Es mejor ser un buen laico que ser un mal religioso.

Lee más:
=>Tu vocación es linda, asúmela
=> Desafíos de la vocación

Profesor Felipe Aquino

- See more at: http://www.cancionnueva.com.es/como-saber-si-tengo-una-vocacion-sacerdotal-o-religiosa/#sthash.RLceGZQ9.dpuf

 

Encuentrate con Jesús en la oración

Eres tú quien marca la hora y el lugar para hablar con Jesús

Encuéntrate con Jesús en lo íntimo de tu alma, en oración, en cualquier tiempo y lugar, eres tú quien marca la hora y el lugar para hablar con Jesús. Puede ser en tu cuarto, en tu carro, en la sala de trabajo, puede ser en la Iglesia, El mejor lugar es frente al Sagrario porque ahí está El en cuerpo, alma y divinidad, como víctima ofrecida en sacrificio permanente por amor a cada uno de nosotros. Ahí El es todo tuyo, está a tu disposición para oirte, abrazarte, enjuagar tus lágrimas y fortalecer tu corazón. Ahí El te espera, vivo y resucitado.

Habla con Jesús con tus palabras, con tus lágrimas, o si es el caso con tu silencio, pero no dejes de encontrarte con El por la oración. Sin oración es imposible caminar en la fe y hacer la voluntad de Dios. Ella es nuestra fuerza. Jesús nos manda “orar siempre sin jamás dejar de hacerlo” (Lc 18,1), y San Pablo nos recomienda: “Orar sin cesar”. Esto quiere decir vivir en estado de oración, con el alma siempre sintonizada en Dios, quiera que estés manejando, lavando ropa, limpiando la casa, descansando. El está contigo y en tí, recuérdalo siempre.

jesusoracion

La oración es para el alma lo que el aire es para el cuerpo. Una alma que no reza es una alma que no respira ni tiene vida. Jesús fue muy claro con los Apóstoles y también contigo: “sin mi, nada pueden” (Jn 15,5). La oración puede cambiar todas las cosas, el Angel Gabriel le dijo a María: “Para Dios nada es imposible” (Lc 1,37). “Todo es posible al que cree” (Mc 9,23), nos garantizó el Señor. Y más: “Pidan y se les dará” (Lc 11,9), “Todo lo que pidan en oración, crean que lo habeis recibido y se les dará” (Mc 11,24).

=> Ser firmes en la oración

San Pablo recomienda con insistencia: “oren en todo tiempo” (Ef 6,18), “perseverad en la oración” (Col 4,2), “orad siempre y en todo lugar” (1 Tim 2,8). “Antes que nada recomiendo que se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias por todos los hombres ” (1 Tim 2,1)

San Pedro nos pide: “Lanzad en Dios todas vuestras preocupaciones porque El cuida de ustedes” (1 Pe 5,7). Es por la oración que lanzamos en Dios nuestras preocupaciones pero con fe y confianza. Jesús oraba constantemente, “él acostumbrava retirarse a lugares solitarios para orar” (Lc 5,15-16), relata San Lucas.

“Todo puede cambiar por la oración”. Todas las deficiencias espirituales, las miserias y todas las fallas, todas nuestras caídas y pasos fuera del camino correcto, todo esto tiene solo un motivo: falta de constancia en la oración.

Vive en oración, transforma todo en oración, sean sufrimientos, dolores, alegrías, los éxitos y los fracasos y cualquier tipo de tentación. Conversa con Jesús sobre t odo, y entregale todas tus preocupaciones. Reza en la calma y en la tempestad, reza por las noches y a lo largo del día, reza yendo y voltando, reza a pesar de que te sientas cansado y distraido. ¡Reza! ¡Encuéntrate con Jesús!

Lee más:

=> La prisa es enemiga de la oración

Profesor Felipe Aquino
Master y Doctor en Ingeniería Mecánica. Recibió el título de Caballero de la Orden de San Gregorio Magno por el Papa Benedicto XVI, es autor de varios libros y presentador de programas de televisión y radio de la comunidad Canción Nueva

Las siete virtudes de una mujer de Dios

22/08/2014

Conoce y busca cultivar, en lo cotidiano, siete virtudes que una mujer de Dios necesita

La mujer es un don de Dios para la humanidad. Cuanto más tomamos esta verdad, más eficaces seremos en nuestra misión. Son muchas las tareas que enfrentamos durante el día: trabajar, estudiar, ver al novio, cuidar de casa, de los hijos, del marido y así sucesivamente. ¿Cómo realizar todo eso siendo presencia de Dios en estos medios? Es esencial tener una vida de oración para escuchar las instrucciones del Señor y responder esta pregunta. La intimidad con Él concede a la mujer las virtudes necesarias para ser una extensión de su amor en todo lo que ella realice.

Cito siete virtudes que necesitamos cultivar como mujeres de Dios:

1-Temor de Dios: Una persona por temor al Señor,  busca ponerlo en primer lugar y como centro de su vida. “¡Muchas mujeres han dado pruebas de entereza, pero tú las superas a todas! Engañoso es el encanto y vana la hermosura: la mujer que teme al Señor merece ser alabada” (Provérbios 31, 29-30).

2-Humildad: Ser una mujer humilde no es tan fácil como parece, porque no existe otra forma de alcanzar esta virtud si no es por medio de humillaciones. Sin embargo, ¿a quien le gusta ser humillado? El orgullo nos impide de vivir el Evangelio de Jesús, nos enseña “lavar los pies” de los demás. Aprendí que la humildad es la única base solida de todas las virtudes. Sin embargo, si ella es la base, necesitamos aprender aceptar las humillaciones y transformarlas en salvación. Pensar en el otro en primer lugar, tragar las respuestas que le hará daño, servir sin esperar nada en cambio, es decir, ser una discípula de Jesús.

mujervirtuosa

3- Silencio: Nos encanta hablar mucho, pero me refiero a un silencio interior capaz de escuchar la voz de Dios. Silencio fecundo que purifica la palabra antes de ella ser pronunciada y, así, ayuda construir el otro y no destruir. “¡Escucha, hija mía, mira y presta atención! Olvida tu pueblo y tu casa paterna(..)” (Sl 45,11). Es esencial aprender escuchar a Dios y al prójimo. “Una mujer discreta es un don del Señor y no tiene precio la esposa bien educada.” (Ecl 26,14)

4-Dominio de si: Aprender a dominar no es perder su personalidad, pero sin aprender a hablar en la hora y con las palabras correctas. Actuar por impulsos no es una forma inteligente de vivir. ¿Cuántas veces ponemos todo a perder porque no sabemos callar? El autodominio nace del silencio que nos impide de actuar con impulso. La mujer virtuosa no es frágil, pero llena de sabiduría y dulzura, porque domina sus pasiones.

5-Castidad: La mujer casta es aquella capaz de purificar las relaciones entre el hombre y la mujer, no solo en el matrimonio, sino en toda relación. La forma de vestirse, hablar, actuar y incluso se relacionar exige castidad. La sensualidad deja de lado por completa la pureza de una mujer de Dios. Así que, se firme contigo misma y después con tu novio o marido para que esa virtud sea una marca positiva en ti. Lee más: “La virtud de la castidad” 

6-Ternura: Aprendi con la autora Jo Croissant que la ternura es el amor que se manifiesta más allá de las palabras, por medio de un gesto, un cariño, una mirada, una presencia amorosa. Derrita lo que es duro, calienta lo que es frio, refuerza lo que es blando y cura lo que esta herido. ¡No quiera  imponerse con una postura grosera, no vale la pena! ¡Al final, cómo es agradable estar cerca de una mujer tierna y dulce!

7-Sabiduría: La sabiduría no se alcanza por esfuerzo humano,sino por gracia de Dios. La mujer sabia es aquella que lucha para vivir todas las virtudes mencionadas anteriormente.

Es posible alcanzar estas y oras virtudes. La vida nos ofrece diariamente oportunidades para poner en práctica cada una de ellas, basta prestar atención y luchar para ser fieles a las mociones del alto. Una mujer virtuosa es llena del Espíritu Santo de Dios. Yo quiero ser esta mujer. ¿Y tu?

Lee más:
=> Toda mujer tiene una belleza única, un encanto propio
=> María, mujer de acero y de flores 
=>Atención mujeres, no se olviden de amar

Fernanda Soares
Misionera de la Comunidad Canción Nueva

 

 

 

Tu vocación es linda. ¡Asúmela!

Tu vocación es linda y es necesario que la asumas

Hoy te digo: sea en el punto en que estés, asume hoy tu vocación. Existe una vocación para ti. Existe. ¡Claro que existe! ¡Esta ahí! Es bíblico: Dios te ha creado en vista de las buenas obras que Él preparo, de antemano, para que tu invista tus vidas en ellas.

No pienses que existen vocaciones “mayores” y “menores”. ¿Quién es mayor? ¿Mi padre Don Bosco o la madre de él, mamá Margarida? ¡Es difícil decir! San Juan Bosco ya es santo, ¿verdad? Su madre aún no lo es. Pero no dudo para nada de que ella fue tan santa como él. Solo que el hijo se preyectó y la madre no. Porque la madre quedo allí en la “sombra” de ser madre, en un lugar de la antigua Italia ayudando a su hijo.

Tu vocación es linda. ¡Asuma! 2

Y la historia se repite: no pienses que tu vocación de madre, tu vocación de esposa, de ama de casa, es menor que mi vocación sacerdotal o de alguien que se consagra en una vida religiosa. ¡No! No existe vocación “mayor” y vocación “menor”.

San Juan Pablo II para ser quien fue necesitó tener un padre y una madre. Él tuvo un padre y una madre. La vocación de los padres de San Juan Pablo II fue de ser esposos y, por lo tanto crear, educar, formar y dar a Dios aquel que fue Juan Pablo II. Y, para Dios, Juan Pablo II y su hijo – o Su hija – son iguales. Porque, incluso, todos ellos tienen vocación al cielo.

¡Tus hijos necesitan llegar al cielo! Cada uno de ellos. Y eso realizando la propia vocación. ¡Tu vocación es linda! Ella es sublime. Ella “cuesta” sudor, sangre y lagrimas. Cuesta y va a costar. Tu vocación es linda y es necesario que tu la asumas.

Mira: ¡Nuestra vocación no es solo algo natural, no! Tu estas formando hombres y mujeres para Dios, para el cielo. Jesús dijo a Pedro y a Andre, Tiago y a Juan: “Venid después, y os haré pescadores de hombres”.

Hermanos, todos nosotros al caminar en esta trayecto, somos pescadores de hombres. Tú, como padre de familia, no eres un “burro de carga” que trabaja, trabaja y trabaja para mantener tu casa y tus hijos. ¡No! No eres eso. Tu no fuiste creado para trabajar como un “burro” – ¡disculpame! – no fue para eso. Gracias a Dios, no lo fue. Tu también eres un pescador de hombres.

¡Tú como madre, como esposa, no existes solo para hacer los trabajos que no son de menor importancia! ¡Tú no eres solo lavandera, una cocinera…No! Tu eres una pescadora de hombres. ¿Y cómo puedes realizar eso? En tu casa. ¡Y mucho más – muchos más! – donde estás. El primer lugar es donde vives y en  medio de tus compañeros, amigos y vecinos. En tu lugar de tu trabajo, donde tienes a tus compañeros de trabajo. En tu parroquia. Tu tienes ahí, en estos lugares, las almas que Dios, de antemano, ya preparó para que tu las fecundes, las prepares y las lleves por el camino de Él, para que estas almas sean de Él. ¡Tu ere pescadora de hombres!

Y digo a los padres: asuman su vocación de padres y esposos. Y asuman también su vocación de pescadores de hombres dentro de su camino, dentro de su llamado. ¡Y digo también a los padres: por el amor de Dios, no impidan la vocación de sus hijos!

Hermanos, por desgracia los padres, por un malentendido, por un cálculo totalmente humano, por una “previsión” humana, quieren establecer – por si mismos – el camino de sus hijos! Ya quieren que tu hijo sea “eso” o que la hija sea “aquello”, que haga “esto” estudie, que va para “esta” facultad, y después tenga “esta” profesión, y después haga “así” y se case bien con la persona que eliges para él(ella) y que tenga “estas” garantías y tantas otras cosas.

¡Padres y madres, dejen de trabajar la vida de sus hijos! ¡Dejen de desviar a sus hijos del camino!  Porque no los están dirigiendo  a la felicidad . Porque es bíblico: Dios ya creo tu hijo – y tu hija – para las buenas obras que, de antemano, Él ya preparo para que ellos practiquen. Y no aquello que tu quieres. No el estudio que tu quieres. No la universidad y la profesión que tu quieres, en el lugar que tu quieres. Casarse con la persona que tu quieres por causa de tus intereses, por causa de tu necesidad en dar garantías para tu hijos. ¡No es nada de eso!

Se que tu haces eso por amor. Un amor malentendido. Un amor, pero sin discernimiento. Y Dios te está diciendo: no impidas que tu hijo siga su vocación.

=>La vocación es un Don gratuito de Dios

Traducción: Thaís Rufino de Azevedo

(Parte de la palestra “Vocación, un asunto importante” de 11 de enero de 1999 con Moseñor Jonas Abib).