San Padre Pío de Pietrelcina

Padre Pío, un hombre de oración y sufrimiento

Nacido en 1887, San Pío de Pietrelcina , sacerdote capuchino, es el fraile de las llagas, que se santificó viviendo a fondo en carne propia el misterio de la cruz de Cristo y cumpliendo en plenitud su vocación de colaborador en la Redención. En su ministerio sacerdotal ayudó a miles de fieles de todo el mundo, principalmente mediante la dirección espiritual, la reconciliación sacramental y la celebración de la eucaristía. Juan Pablo II lo beatificó el día 2 de mayo de 1999, y lo canonizó el 16 de junio de 2002, estableciendo que se celebre su fiesta el 23 de septiembre, aniversario de su muerte (1968).

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“Siempre humíllense amorosamente ante Dios y ante los hombres. Porque Dios le habla a aquellos que son verdaderamente humildes de corazón, y los enriquece con grandes dones.”

San Giovanni Rotondo, Italia

En un convento de la Hermandad de los Capuchinos, en la ladera del monte Gargano, vivió por muchísimos años el que probablemente fuera el Sacerdote Místico más destacado del siglo XX, a punto actualmente de ser declarado Santo por el Vaticano. El Padre Pío, nacido en Pietrelcina en 1887, fue un hombre rico en manifestaciones de su santidad. Enorme cantidad de milagros rodearon su vida, testimoniados por miles de personas que durante décadas concurrieron allí a confesarse. Sus Misas, a decir de los concurrentes, recordaban vívamente el Sacrificio y Muerte del Señor a través de la entrega con que el Padre Pío celebraba cada Eucaristía.

Es notable su carisma de bilocación: la capacidad de estar presente en dos lugares al mismo tiempo, a miles de kilómetros de distancia muchas veces. El Padre Pío raramente abandonó San Giovanni Rotondo; sin embargo se lo ha visto y testimoniado curando almas y cuerpos en diversos lugares del mundo en distintas épocas. También tenía el don de ver las almas: confesarse con el Padre Pío era desnudarse ante Dios, ya que él decía los pecados y relataba las conciencias a sus sorprendidos feligreses (a veces con gran dureza y enojo, ya que tenía un fuerte carácter, especialmente cuando se ofendía seriamente a Dios). Tenía también el don de la sanación (a través de sus manos Jesús curó a muchísima gente, tanto física como espiritualmente) y el don de la profecía (anticipó hechos que luego se cumplieron al pie de la letra).

=>Novena al Padre Pio

Vivió rodeado de la Presencia de Jesús y María, pero también de Santos y Angeles, y de almas que buscaban su oración, para subir desde el Purgatorio al Cielo. Pero su gracia más grande radicó, sin duda alguna, en sus estigmas: en 1918 recibe las cinco Llagas de Cristo en sus manos, en sus pies y en su costado izquierdo. Estas llagas sangraron toda su vida, aproximadamente una taza de té por día, hasta su muerte ocurrida en 1968. Múltiples estudios médicos y científicos se realizaron sobre sus Estigmas, no encontrándose nunca explicación alguna a su presencia u origen.

Su sangre y cuerpo emanaban un aroma celestial, a flores diversas, que acariciaba no solo a los asistentes a sus Misas, sino también a quienes se encontraban con él en otras ciudades del mundo, a través de sus dones de bilocación. Vivió sufriendo ataques del demonio, tanto físicos como espirituales, que se multiplicaron a medida que las conversiones y la fe crecían a su alrededor.

En diciembre de 2001 el Vaticano emite el decreto que aprueba los milagros necesarios para canonizar a nuestro héroe, San Pío de Pietrelcina y fue canonizado el 16 de julio de 2002.

Vivimos en un mundo que niega lo sobrenatural, se aferra a lo material y a todo lo que pueda ser explicado a través de la razón, o percibido por los sentidos. Sin embargo, Dios prescinde de nuestra razón y de nuestros sentidos, a la hora de someternos a las pruebas de nuestra fe. De cuando en cuando nos prodiga con regalos del mundo sobrenatural, a través del testimonio y el acceso a la divinidad de los seres Celestiales. El Padre Pío es una puerta abierta a Cristo, a María, a los ángeles y los santos. Es también un testimonio de la pequeñez del ser humano y una invitación a creer y dejar de buscar explicación a los hechos de la Divina Providencia (la voluntad de Dios), sino simplemente a unir nuestra voluntad a la de Dios, y ser lisa y llanamente su instrumento, como el Padre Pío lo fue.

La vida entera del Padre Pío no puede ser explicada a través de la razón o la lógica humana. La fe y fuerza del Santo del Gargano dan por tierra con todas las escuelas filosóficas terrenales, dejando una sola salida a todo intento de crecimiento del hombre: el encuentro con el Dios eterno, el que nos mira desde lo alto y nos pide, por medio de Su infinita Misericordia, que nos entreguemos simplemente a Su Voluntad. La negación de nuestro yo (la muerte de nuestro ego), se constituye en la principal meta de nuestra evolución, porque SÓLO DIOS ES !

Debemos negarnos a nosotros mismos y vivir para y por Él. El Padre Pío vivió en la más absoluta humildad y negación de sí mismo, y miren los prodigios que Jesús hizo a través suyo !

¡Dios te bendiga!

Comunidad Canción Nueva

Por la fe en la Palabra de Dios, somos curados

Por la fe en la Palabra de Dios, somos curados

El tema de hoy es “La sanación por la Palabra”, septiembre es el mes de la Biblia y no es en vano que, a fin de mes, celebremos a San Jerónimo, quien tradujo las Escrituras para nosotros.

Leamos Sabiduría 16,12: “Y no los sanaron las hierbas ni los ungüentos sino tu palabra, Señor, que todo lo cura”

La Palabra de Dios sana todas las cosas. Podríamos decir que San Lucas resume toda la misión de Jesús en dos acciones: Él anunció la Palabra y curó a las personas. Muchas veces, Jesús sanaba mientras predicaba. En todo lugar, Jesús anunciaba la Palabra, que era el remedio para que las sanaciones ocurrieran.

Juan 10,30: “Yo vine para que todos tengan vida”. Es la Palabra que nos despierta para esa realidad. Cuando estamos ante la Palabra de Dios no estamos solamente ante un libro histórico. Todas las veces que la Palabra es proclamada, estás delante de una verdad: delante del Señor Jesús. Como la Carta a los Hebreos 13,8 afirma: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre”.

Jesús está verdaderamente presente en la Eucaristía, así como lo está verdaderamente en Su Palabra

En el capítulo 5 del Evangelio de San Mateo, vemos que el evangelista narra como fue el Sermón de la Montaña, en el cual Jesús comienza a enseñar las bienaventuranzas. Ese texto es llamado el corazón del Evangelio de San Mateo. Después, en el capítulo 6, cuenta que Jesús habla de la oración, el ayuno y de las preocupaciones exageradas. En el capítulo 7, Jesús explica que no debemos juzgar a los demás. En el capítulo 8: “Habiendo Jesús predicado en la montaña, una gran multitud lo siguió” vemos que el Señor primero se dedicó a enseñar y, después, a sanar. Por lo tanto, no hay división entre el ministerio de la prédica y el ministerio de sanación.

Con una Palabra Jesús expulsó a los demonios de los poseídos y curó a los enfermos. Una multitud estaba en la casa de Pedro por causa del Señor. ¿Quién está enfermo? ¿Quién tiene alguna enfermedad física, espiritual e interior? ¡Tenga certeza de que Jesús tiene una Palabra que puede curarte a ti también!

Por la fe en la Palabra de Dios, somos curados

¿Qué es la Palabra? O ¿Quién es la Palabra? Cuando hablamos de la Palabra de Dios, nos acordamos de la Biblia, de Jesús. La Palabra es Jesús. Como está escrito en Génesis 1: “En el principio era la Palabra. Todo fue hecho por la Palabra”, porque Dios nos creó por medio de su Palabra, y la Palabra es Jesús.

Me gusta mucho leer el Salmo 138: “Me estrechas detrás y delante, me cubres con tu palma”. La Palabra, que creó todas las cosas, es una persona: Nuestro Señor Jesús. Esta Palabra nos tejió en el vientre de nuestra madre. El proceso maravilloso que se da con el espermatozoide y el óvulo es la propia Palabra, es el propio Jesús que forma la criatura. En el Nordeste decimos mucho: “tejer la red”. Así como la mujer que va tejiendo cuidadosamente aquella red, mucho más grande es el amor de Dios, que fue tejiéndonos en el útero de nuestra madre.

¡Somos únicos, somos preciosos! Podemos comenzar un proceso de sanación a partir de esta Palabra: “Dios me fue tejiendo”. Tal vez hayas tenido un padre alcohólico y una madre que no deseó el embarazo. Pero, antes de cualquier trauma y experiencia dolorosa en tu vida, está un acto de amor de Dios por medio de Su Palabra.

¡Aún si hay alguien que no nos ama y no nos ve, Jesús nos ama, nos ve y nos quiere! ¡Ese alguien es Dios!

La Palabra nos creó. Dios no quiso amarnos desde lejos. En Juan está escrito que Dios amó tanto el mundo, que envió a su Hijo para salvarnos y que nos creó para que seamos libres y felices. Dios te creó para ser una persona curada. Esa idea de que “nací para sufrir” no es para nosotros. Cuando Jesús predicaba, sus Apóstoles decían que lo hacía con autoridad.

Cuando entré en el Seminario, mi mayor miedo, que me generaba cierta crisis vocacional, era presidir mi primera Santa Misa debido a mi timidez. Ese sentimiento me impedía imaginar cómo sería mi primera homilía. Pero Dios ya tenía reservada una sanación para mi vida. ¡Qué gran sanación significó mi primera Celebración Eucarística! Y hoy cuanto mayor es la multitud presente más me animo, porque Dios es capaz de sanarnos.

El 17 de Diciembre de 2009, mi hermano no fue a Misa porque mi papá estaba orinando sangre. El doctor José Carlos dijo: “Su papá tiene dos tumores y es algo muy delicado”. Mi papá adelgazó 11 kilos. Y el médico, después de un tiempo, dijo que eran tres tumores. Nadie está preparado para una enfermedad. Aún siendo predicador de la Palabra y ministro de sanación, fui sacudido. Pero, en una mañana, tuve un encuentro con la Palabra al depararme con el Salmo 42,5: ¿Por qué te acongojas, alma mía, por qué te me turbas? Espera en Dios, que volverás a alabarlo: Salud de mi rostro, Dios mío”

=> La Palabra nos revela los designios de Dios 

Esa Palabra vino a animarme. Ella cayó en mi corazón. Y andando por la vera de la playa rezando, fui observando aquellos pequeños granos de arena y me acordé de la música del Padre Fabio que dice: “Dios está presente en los pequeños granos de arena”. Y pensé: “Si Dios ve ese pequeño granito, ¿por qué no cuidaría de mi padre?” Entonces, el milagro aconteció y el médico dijo que no sería necesaria la cirugía. ¡El Señor es el Médico de los médicos! Y mi papá fue sanado incluso de la hernia que tenía. Dios tiene el poder de sanar con su Palabra.

La Palabra de Dios viene en nuestro auxilio porque somos débiles. Es la respuesta de Dios para nuestras dificultades. La Palabra es canal de sanación. San Jerónimo dijo: “Desconocer las Escrituras es desconocer al propio Cristo” Así como aquel día, esa Palabra fue sanación para mi alma, la Palabra de Dios también puede ser sanación para la tuya.

Padre Antonio Furtado
Sacerdote de la Comunidad Shalom
Jueves de Adoración Eucarística en Canción Nueva

2014-09-19 Radio Vaticanapppaparezando190813

El recorrido del cristiano se realiza en la Resurrección. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la misa matutina celebrada en la Casa Santa de Marta. Al comentar las palabras de San Pablo en la Primera Carta a los corintios, el Pontífice subrayó que los cristianos parecen tener dificultades para creer en la transformación del propio cuerpo después de la muerte.
El Santo Padre centró su homilía en la primera lectura en la que San Pablo realiza una “corrección difícil”, “la de la Resurrección”. El Apóstol se dirige a la comunidad de los cristianos de Corinto, quienes creían que “Cristo ha resucitado” y “nos ayuda desde el Cielo”, pero no era claro para ellos que “también nosotros resucitaremos”. “Ellos – dijo Francisco – pensaban de otro modo: sí, los muertos son justificados, no irán al infierno – ¡muy lindo! – pero irán un poco en el cosmos, en el aire, allí, el alma delante de Dios, sólo el alma”.
Por otra parte, prosiguió explicando el Papa, también San Pedro “la mañana de la Resurrección fue corriendo al Sepulcro y pensaba que habían robado su cuerpo”. Y así también María Magdalena. “No entraba en su mente – observó Francisco – una resurrección real”. No lograban comprender ese “pasaje nuestro de la muerte a la vida”, a través de la Resurrección. Al final, comentó el Obispo de Roma, “han aceptado la Resurrección de Jesús porque lo han visto”, pero “la de los cristianos no era comprendida”. Y recordó que cuando San Pablo va a Atenas y comienza a hablar de la Resurrección de Cristo, los griegos sabios, filósofos, se asustan:
“Pero la resurrección de los cristianos es un escándalo, no pueden comprenderla. Y por esto Pablo hace este razonamiento, razona así, es tan claro: ‘Si Cristo ha resucitado, ¿cómo pueden decir algunos de entre ustedes que no existe la resurrección de los muertos? Si Cristo ha resucitado, también los muertos resucitarán’. Está la resistencia a la transformación, la resistencia a que la obra del Espíritu que hemos recibido en el Bautismo nos transforme hasta el final, en la Resurrección. Y cuando nosotros hablamos de esto, nuestro lenguaje dice: ‘Yo quiero ir al Cielo, no quiero ir al Infierno’, pero nos detenemos ahí. Ninguno de nosotros dice: ‘Yo resucitaré como Cristo’: no. También a nosotros nos resulta difícil entender esto”.

Francisco añadió que “es más fácil pensar en un panteísmo cósmico”. Y esto a causa de “la resistencia a ser transformados, que es la palabra que usa Pablo: ‘Seremos transformados. Nuestro cuerpo será transformado’”. “Cuando un hombre o una mujer debe someterse a una intervención quirúrgica – dijo también el Papa – tiene mucho miedo, porque o le quitarán algo o le pondrán alguna otra cosa… será transformado, por decirlo de alguna manera”. Y reafirmó que “con la Resurrección, todos nosotros seremos transformados”:
“Éste es el futuro que nos espera y éste es el hecho que nos lleva a resistirnos tanto: resistencia a la transformación de nuestro cuerpo. También resistencia a la identidad cristiana. Diré más: quizá no tengamos tanto miedo al Apocalipsis del Maligno, del Anticristo que debe venir antes; quizá no tengamos tanto miedo. Quizá no tengamos tanto miedo a la voz del Arcángel o al sonido de la trompeta; porque será la victoria del Señor. Pero quizá tengamos miedo de nuestra resurrección: todos nosotros seremos transformados. Esa transformación será el final de nuestro recorrido cristiano”.

Esta “tentación de no creer en la Resurrección de los muertos – prosiguió diciendo el Papa – nació en los primeros días de la Iglesia. Y cuando Pablo tuvo que hablar de esto a los Tesalonicenses, “al final, para consolarlos, para animarlos, dice una de las frases más llenas de esperanza del Nuevo Testamento: ‘Al final, estaremos con Él’”. Así es la identidad cristiana: “Estar con el Señor. Así, con nuestro cuerpo y con nuestra alma”. Nosotros – añadió – “resucitaremos para estar con el Señor, y la Resurrección comienza aquí, como discípulos, si nosotros estamos con el Señor, si nosotros caminamos con el Señor”. Éste – reafirmó – “es el camino hacia la Resurrección. Y si nosotros estamos acostumbrados a estar con el Señor, este miedo de la transformación de nuestro cuerpo se aleja”.
La Resurrección – dijo también el Papa – “será como un despertar”. Y agregó que la identidad cristiana no termina con un triunfo temporal, no termina con una bella misión”, sino que se cumple “con la Resurrección de nuestros cuerpos, con nuestra Resurrección”:
“Allí está el fin, para saciarnos de la imagen del Señor. La identidad cristiana es un camino, es un camino donde se está con el Señor; como aquellos dos discípulos que ‘estuvieron con el Señor’ toda aquella tarde, también toda nuestra vida está llamada a estar con el Señor pero – al final, después de la voz del Arcángel, después del sonido de la trompeta – permanecer, estar con el Señor”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).

¿Puedo volver a ser puro?

Intenta coger una fruta aún verde y dar una mordida, ella se va malograr ¿no? Si la hubiésemos guardado, aunque sea verde, hubiera madurado, pero si damos una mordida antes de tiempo, ella se pudre sin haber madurado.

Dios, sin embargo, es capaz de cambiar todas las cosas. Él puede curar la “zona de la mordida”, basta que tú quieras, pidas y te comprometas con un nuevo comportamiento. Ya no podrás volver a ser virgen pero puedes tener la castidad del alma, del espiritu y del cuerpo.

Muchas parejas se separan antes de completar un año o año y medio de casados. Dicen al padre: “Perdí el gusto de todo, creo que me casé con la persona equivocada”. No, no es que te hayas casado con la persona equivocada, fue que las cosas sucedieron de forma equivocada: antes de tiempo. Es necesario entonces, arrepentirse, confesarse y colocarse ahora en un nuevo rumbo: buscar la gracia de rehacer en Dios lo que nosotros estropeamos.

=> Ya no soy virgen pero quiero un noviazgo santo

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En relación a esta novedad de vida, San Pablo nos habla en la segunda carta a los corintios: “Por eso, si alguien está en Cristo, es una nueva criatura. El mundo antiguo pasó, he aquí una realidad nueva” (2 Cor 5,17).  Dios no nos promete éxito, dinero o fama; promete paz, alegría, esperanza. Él nos promete vida nueva.  Es por esto que Dios está llamando a sus hijos de vuelta. El peligro es tan grande que no podemos quedarnos indecisos. Así como he dicho antes: o santos o nada, digo ahora: o consagrados o nada.

La generación PHN es así… 

Ten la osadía de decidir: castidad y pureza hasta el casamiento y en el casamiento, fidelidad hasta el fin. Esta generación vive y proclama: Podemos volver a ser puros. Ella aprendió en la práctica que todo aquel que está en Cristo es una nueva criatura. Pasó lo que era viejo. He aquí que todo se hace nuevo. Si me equivoqué en el pasado, de ahora en adelante ya no me equivocaré. Parte de la decisión por la castidad. Tal vez pienses que es imposible vivir la castidad en los tiempos de hoy pero te digo: ¡Es posible! Para eso necesitas decidirte, concientizarte de que el sexo es lindo pero necesita ser vivido dentro del plan de Dios, en el matrimonio.

=>¿Cómo vivir la castidad en el matrimonio?

El secreto está en una vida de consagración. Somos de Dios, es justo pertenecerle a Él. No somos como todo el mundo. Somos consagrados y queremos vivir en coherencia con nuestra consagración.

David, Salomón, y muchos otros hombres y mujeres de Dios fueron consagrados. Para eso la primera cosa que hicieron fue una gran purificación del cuerpo, alma y espíritu. Sin duda, ¡este es tu momento! En pleno uso de tu libertad, conságrate al Señor, rechazando todo el pecado y todo lo que te ata al pecado.

Recemos juntos:

Señor, ¡ven en mi socorro! ¡Ven en mi auxilio! ¡Quiero ser purificado, quiero ser liberado! Me quiero deshacer de todo aquello que en mi cuerpo, mente, alma y espíritu hizo alianza con el mal y con el pecado. Desde el cigarro hasta las drogas, los preservativos, los objetos de espiritismo y de macumba. Me deshago de todo. ¡Renuncio a todo!.
Rompo con todo pecado y quiero comenzar todo de nuevo.
Me deshago de todo para consagrarme al Señor, mi Dios. Me deshago de todo pecado y de todas las señales de pecado en cuerpo, alma y espíritu.
Y ahora yo me consagro a ti, mi Señor, mi Dios. Jesús, te acepto como mi Señor y te entrego toda mi vida.
No quiero vivir más para mí, quiero vivir en ti, en la Iglesia, quiero vivir para mis hermanos. Quiero caminar en tu ley, en tus mandamientos. Quiero ser una nueva criatura.
Sé que me aceptas, que me recibes de nuevo, como el hijo pródigo que volvió. Comienzo hoy, el primer día del resto de mi vida.
Yo te pertenezco, mi vida es toda tuya. Tú eres mi Señor, mi Salvador. 

Gracias porque tomas en serio mi consagración, Tu promesa es Vida nueva.
Amen!

¡Dios te bendiga!

Lee más:
=> Escucha el Podcast sobre Castidad - Dunga

Monseñor Jonas Abib – Trecho del libro “Generación PHN”

¿Cómo vestirse bien?

Necesitamos vestirnos bien, pero no podemos ser ocasión de pecado para los otros

Hablar de ropa es algo delicado pues no existe una fórmula y mucho menos un patrón para decir lo que está bien o mal. En realidad, creo que existen medios para vestirnos según lo que deseamos expresar. O sea, la ropa dice de mi ser, de lo que me gusta, de las cosas en que creo, y hasta de mi fe. El formato del cuerpo de la mujer llama la atención por si solo, por lo tanto la ropa favorecerá o la modestia o la sensualidad que ella quiera transmitir. Si eres cristiana y deseas ser vista como una hija de Dios, y respetada por tu belleza, este artículo es para ti.

La mujer necesita cultivar la virtud de la modestia que está dentro de las cuatro virtudes humanas: prudencia, templanza, justicia y fortaleza. La modestia se encaja en la virtud de la templanza. La mujer modesta es aquella que se viste con elegancia, belleza y femineidad.

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Necesitamos vestirnos bien pero no podemos ser ocasión de pecado para los otros. Necesitamos preguntarnos: “¿Esta ropa que estoy usando lleva al otro a verme como un objeto sexual?”. No es cuestión de decir que el hombre es un sinverguenza, pues si la mujer propositalmente exhibe ciertas partes de su cuerpo para provocarlo, es obvio que eso despertará sensualidad y deseos eróticos en él. Ropas cortas, pantalones apretados y minifaldas provocarán la imaginación del hombre y no lo ayudarán a vivir la pureza y la santidad. Por lo tanto, es cuestión de conciencia y no de reglas.

Como misionera y presentadora de programas en la Tv Canción Nueva, vivo el desafío de vestirme de acuerdo a mi misión. En la televisión de plasma, aparezco “estirada”, más gordita y ata. Mis pantalones se no se muestran como están “en vivo”. Por eso decidí comprar pantalones de una talla más grande que mi talla verdadera. No estoy diciendo que debas hacer eso, solo estoy describiendo una situación concreta que vivo y la decisión que tomé.

=> Las siete virtudes de una mujer de Dios
=> La-femineidad y la sensualidad

“Que su elegancia no sea el adorno exterior –consistente en peinados rebuscados, alhajas de oro y vestidos lujosos– sino la actitud interior del corazón, el adorno incorruptible de un espíritu dulce y sereno. Esto le vale a los ojos de Dios.” (I Pedro 3,3-4).

¡Piensa en eso! es tu responsabilidad, tu forma de ser y tus valores que harán de ti una mujer bella y de valor. Por eso pide la ayuda de la Virgen María para que te vistas según el plan original de Dios para ti. ¡Yo también estoy en esa lucha y me uno a ti que deseas ser una mujer según el corazón de Dios!

Dios te bendiga

Fernanda Soares
Misionera de la Comunidad Canción Nueva.
Presentadora del Programa Revolución Jesús y Vitrina de la Televisión Canção Nova

La belleza de vivir de la Providencia

Quien ama cuida. Amar es desear el bien. Cuidar es promover ese bien, es la acción efectiva de la manifestación del amor. Dios ama al ser humano, por eso lo cuida. Y la forma concreta de expresar ese amor y de conducirnos, se conoce como Divina Providencia. Es la propuesta divina de pensar y actuar conjuntamente con el Señor, pues el Padre tiene el control de todo lo que no podemos percibir ni observar y quiere darnos sustento y enseñarnos pero principalmente quiere participar de nuestras vidas.

Para que podamos vivir esa experiencia necesitamos aprender a mirar todos los hechos según la luz divina. Nada sucede por casualidad. Dios habla contigo, te direcciona y te construye en todas las ocasiones, sean estas pequeñas o grandes, alegres o tristes, de encuentros o desencuentros.

Es necesario que nunca dejemos de creer en ese amor/cuidado, aunque todo parezca contrario a lo que interpretamos como bondad divina. Así como necesitamos tener siempre en mente que el Altísimo es lo suficientemente poderoso para sacar algo mejor, aún de los males que vamos a sufrir. Recordemos que oportunidades también siempre surgen de situaciones contrarias.

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No desistas frente a las frustraciones. ¡persevera! Es natural sufrir en una situación de pérdida o al obtener un resultado diferente del que soñamos o pretendemos, pero que esto no te detenga. Es necesario levantar la cabeza y continuar siempre, contando con la fuerza de Dios en ti, la cual se hace presente a través de la Eucaristía, del contacto con la Palabra y en los acontecimientos comunes del día a día. Pues ninguna contrariedad es eterna. En algún momento el Señor mostrará donde está el amor en esa adversidad.

=> Coronilla de la Divina Providencia

No te rebeles con los acontecimientos y con la vida, ni culpes al cielo. Aunque eso parezca bueno, puede ser malo si no sirve como crecimiento humano y espiritual. Todo tiene que servir para impulsarnos hacia lo Alto. Que todo sea para la salvación de las almas. Puede ser también que no estés preparado para usufructuar de un bien correctamente, según el verdadero propósito para lo cual fuiste creado, eso sería nocivo para ti.

A pesar de que la Providencia Divina sea un abandonarse en los cuidados de Dios, no podemos cruzar los brazos esperando que todo caiga del cielo. Trabajar es fundamental. Lo divino no depende del esfuerzo de nuestras manos pero a través de él, el Señor quiere agraciar al ser humano con Su benevolencia. Da materia prima, tanto para el plano material como para el sobrenatural para actuar a tu favor.

Finalmente, el deseo de vivir según la Divina Providencia nos acerca a El, que es el Autor supremo de todas las cosas. Lo más bonito de todo eso es que crea un relacionamiento de intimidad del Todopoderoso con el ser humano y realiza verdaderamente el significado del nombre como Lo conocemos: Dios con nosotros, Emanuel. El está entre nosotros, haciendo siempre lo mejor.

Lee también:
=>¿Qué es la Divina Providencia?

¡Dios provee, Dios proveerá, su misericordia no faltará!

¡Que Dios te bendiga!

Comunidad Canción Nueva

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La Palabra nos revela los designios de Dios

¡La Biblia fue escrita para ti!

Apenas el diez por ciento de los católicos leen la Biblia. En el Evangelio del Sembrador, San Mateo, del 1 al 23, el propio Jesús dice que la semilla sembrada es la Palabra de Dios. Hoy tenemos máquinas que realizan esa labor, pero, en aquel tiempo, todo se hacía manualmente, se lanzaban las semillas con las manos. En ese pasaje, al ver esa labor, Jesús explica como es cada terreno.

De la misma forma, si no leemos la Biblia, la semilla no es sembrada en nuestro corazón. En esa parábola hay varios tipos de terrenos, incluso aquel terreno duro, pejonasestudiopedregoso, pero está escrito que también ahí fue sembrada la semilla. Es como un individuo que pide a Dios que le ayude a ganar la lotería pero no apuesta. Si no la leemos, o mejor, más que leer: si no hacemos de ella nuestro alimento, que necesitamos comer para que después nuestro organismo lo asimile, así como lo hace el estómago con los alimento, nos volvemos desnutridos.

Sabes muy bien que los buenos perfumes están en frascos pequeños. Digo lo mismo sobre el libro que escribí: “La Biblia en mi día a día”. Tenemos la costumbre de querer leer la Biblia desde el inicio, que es el Génesis, y cuando vamos llegando al tercero, que es el libro del Levítico, después al cuarto, que es el de Números, ya se comienza a complicar porque éste último nos presenta estadísticas. Por esa razón muchas personas no pasan del tercer libro bíblico. En este libro doy como una receta, comenzando por el libro de San Juan, donde está embutida nuestra esencia, nuestra fe.

CÓMO LEER LA BIBLIA
Es importante tener lápiz y resaltador en mano para no tener miedo de subrayar la Biblia, porque la Palabra es un instrumento de trabajo. Claro que no vamos a ensuciarla por ensuciar. Incluso si fuera necesario, hay que cambiar de Biblia si está muy usada ¡Qué belleza eso! Es necesario gastar tu Biblia leyéndola activamente. Es bueno subrayar fragmentos y palabras para grabar aún más en el corazón.

No es solo una forma de decir, sino es la verdad: ¡la Biblia fue escrita para ti! Es un gesto de amor de Dios para cada uno de nosotros. Dios es capaz de amar infinitamente a cada uno. El nos ama de manera especial.

GUIA DE LECTURA BÍBLICA
Después de leer “La Biblia en mi día a día”, tienes una guía muy concreta a seguir: “¿Qué me está diciendo Dios hoy?” Cuando di este curso en 1987, les decía a los jóvenes que era importante escribir en el cuaderno la respuesta; si estás acostumbrado a tipear, tipea. Pero es importante escribir, porque al digerir eso, lo asimilas.

Hacer el Diario Espiritual exige esfuerzo. Incluso leer con un lápiz o un resaltador en mano te ayudará a no dormirte, porque así el estudio es más activo. En primer lugar, vas a colocar las promesas de Dios para tu vida. Si no conoces esas promesas ¿cómo vas a acogerlas? Las promesas de Dios están ahí, y necesitamos buscarlas en la hora indicada. Una Biblia, gruesa como la nuestra, está llena de las promesas de Dios y si no las conoces es porque no lees.

Necesitas conocer la Palabra de Dios. “Masticarla” y “rumiar” (meditar lo que fue leído y aprendido) su contenido para tener en claro las promesas. Si escribes palabra por palabra de lo que aprendiste al meditarla, quedará grabado en tu corazón. Y en la hora en que las “cosas aprieten”, lo que vendrá a tu corazón no será la angustia, sino la Palabra de Dios.

Dios quiere que comiences a hacer eso día por día. ¡Aunque sea poco, hazlo! Las personas que tienen anorexia, dejan de comer y se van desnutriendo hasta enfermarse gravemente o hasta morir. Así sucede con la Palabra de Dios. No puedes dejar de leerla, porque es ese alimento necesario para todos los días. La Palabra de Dios está ahí para salvarte continuamente.

=> ¿Cómo hacer un diario espiritual? Método de Monseñor Jonas

También tenemos las órdenes de Dios y las leyes que las rigen en las Sagradas Escrituras. Cuántas personas lastimándose y lastimando a otros porque no siguen el “manual” (de la Palabra de Dios). Dios tiene órdenes y mandamientos que no son pesados. Si tu vida está desordenada es porque no conoces las órdenes de Dios.

La Palabra de Dios tiene que estar encarnada en nuestra vida. Tu vida necesita ser evangelizada, y a partir de ahí tu mente, corazón, voluntad y tus actos lo serán también. De ese modo comenzarás a vivir la transparencia y la justicia.

También tenemos los principios eternos en la Biblia. Por ejemplo: “Todo el que se exalte será humillado, y todo el que se humille será exaltado” (Lc 14,11), este es un principio eterno, es algo natural.

Después de encontrar las promesas, las órdenes y los principios eternos, vas a escribir en tu diario espiritual, a partir de la lectura de la Palabra, la siguiente pregunta “¿Cómo voy a colocar esto en práctica?” Y entonces la Biblia habrá sido “digerida” y “asimilada” por ti. Yo soy resultado del método de la Biblia en mí día a día. Gracias a Dios, conozco las promesas del Señor y me arriesgo en ellas en fe. De la misma forma, intento seguir las órdenes con ahínco. Los principios bíblicos no cambian.

Le pido al Señor que te de un bautismo de la Palabra de Dios. Que te de gusto por la lectura de la Palabra. Jesús te dice: “Guarda mi Palabra, íntegra e irreprensiblemente hasta mi segunda venida”

Monseñor Jonas Abib – Fundador de la Comunidad Canción Nueva
Prédica “La Biblia fue escrita para ti”

La corrección fraterna ha de hacerse con caridad y humildad

La verdadera corrección fraterna es dolorosa porque se hace con amor, verdad y humildad. Si sen

timos placer por corregir, esto no viene de Dios. Lo dijo el Papa Francisco en la homilía de

la misa matutina presidida en la Capilla de la Casa de Santa Marta, en el día en que la Iglesia celebra la Memoria litúrgica del Santísimo Nombre de María.
En el Evangelio del día Jesús pone en guardia a cuantos ven la paja en el ojo del hermano y no se dan cuenta de la viga que está en su propio ojo. Al comentar este pasaje, el Papa Francisco se refirió nuevamente a la corrección fraterna. Ante todo, dijo, el hermano que se equivoca, debe ser corregido con caridad:
“No se puede corregir a una persona sin amor ni sin caridad. No se puede hacer una intervención quirúrgica sin anestesia: no se puede, porque el enfermo moriría de dolor. Y la caridad es como una anestesia que ayuda a recibir la cura y a aceptar la corrección. Llamarlo personalmente, con mansedumbre, con amor y hablarle”.

En segundo lugar – prosiguió Francisco – es necesario hablar con la verdad: “no decir algo que no es verdadero. Cuántas veces, en nuestras comunidades, se dicen cosas de otra persona, que no son verdaderas: son calumnias. O si son verdaderas, se quita la fama de aquella persona”. “Las habladurías – reafirmó el Papa – hieren; las habladurías son bofetadas contra la fama de una persona, son bofetadas contra el corazón de una persona”. Ciertamente – observó el Santo Padre – “cuando te dicen la verdad no es lindo escucharla, pero si es dicha con caridad y con amor es más fácil aceptarla”. Por tanto, “se debe hablar de los defectos a los demás” con caridad.
El tercer punto es corregir con humildad: “Si tú debes corregir un defecto pequeño ahí, ¡piensa que tú tienes tantos más grandes!”:
“La corrección fraterna es un acto para curar el cuerpo de la Iglesia. Hay un agujero, allí, en el tejido de la Iglesia que es necesario remendar. Y así como las mamás y las abuelas, que cuando remiendan lo hacen con tanta delicadeza, así debe ser la corrección fraterna. Si tú no eres capaz de hacerla con amor, con caridad, en la verdad y con humildad, tú harás una ofensa, una destrucción al corazón de esa persona, tú harás una habladuría más, que hiere, y tú te transformarás en un ciego hipócrita, como dice Jesús. ‘Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo….’. ¡Hipócrita! Reconoce que tú eres más pecador que el otro, pero que tú, como hermano, debes ayudar a corregir al otro”.

“Un signo que tal vez pueda ayudarnos” – observó el Papa – es el hecho de sentir “cierto placer” cuando “uno ve algo que no va” y que considera que debe corregir: es necesario estar “atentos porque eso no es del Señor”:
“En el Señor siempre está la cruz, la dificultad de hacer una cosa buena; del Señor es siempre el amor que nos da, la mansedumbre. No ser juez. Nosotros, los cristianos, tenemos la tentación de hacer como los doctores de la ley: ponernos fuera del juego del pecado y de la gracia como si fuéramos ángeles… ¡No! Es lo que dice Pablo: ‘No suceda que después de haber predicado a los demás, yo mismo sea descalificado’. Y un cristiano que, en la comunidad, no hace las cosas, incluso la corrección fraterna, con caridad, en la verdad y con humildad, ¡es un descalificado! No ha logrado convertirse en un cristiano maduro. Que el Señor nos ayude en este servicio fraterno, tan bello y tanto doloroso, de ayudar a los hermanos y a las hermanas a ser mejores y que nos ayude a hacerlo siempre con caridad, en la verdad y con humildad”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).