Con Jesús en el Desierto II

 

Los ayunos agradables a Dios

El segundo gran tema presente en el relato de Jesús en el desierto es el ayuno. «Después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, al final tuvo hambre» (Mt 4,1).

¿Qué significa para nosotros hoy imitar el ayuno de Jesús? Una vez, con la palabra ayuno se pretendía sólo limitarse en los alimentos y en las bebidas, y abstenerse de carne. Este ayuno alimenticio conserva todavía su validez y es altamente recomendado, naturalmente cuando su motivación es religiosa y no sólo higiénica o estética, pero ya no es el único y ni siquiera el más necesario.ayunopalabrasimagensdentro

La forma más necesaria y significativa de ayuno se llama hoy sobriedad. Privarse voluntariamente de pequeñas o grandes comodidades, de lo que es inútil y a veces incluso perjudicial para la salud. Este ayuno es solidaridad con la pobreza de muchos. ¿Quién no recuerda las palabras de Isaías que la liturgia nos hace escuchar al comienzo de cada Cuaresma?:

«¿Acaso el ayuno que quiero no es éste:
que compartas tu pan con quien tiene hambre,
que lleves a tu casa a los desafortunados privados de techo,
que cuando veas a uno desnudo tú lo cubras
y que no te escondas a quien es carne de tu carne?»(Is 58, 6-7).

Semejante ayuno es también contestación a una mentalidad consumista. En un mundo que ha hecho de la comodidad superflua e inútil uno de los fines de su propia actividad, renunciar a lo superfluo, saber prescindir de algo, abstenerse de recurrir siempre a la solución más cómoda, de elegir lo más fácil, el objeto de mayor lujo, vivir, en definitiva, con sobriedad, es más eficaz que imponerse penitencias artificiales. Además, es justicia hacia las generaciones que sigan a la nuestra que no deben ser reducidas a vivir de las cenizas de lo que nosotros hemos consumido y desperdiciado. La sobriedad también tiene un valor ecológico, de respeto de la creación.

Más necesario que el ayuno de los alimentos es hoy también el ayuno de imágenes. Vivimos en una civilización de la imagen; nos hemos convertido en devoradores de imágenes. Mediante la televisión, la prensa, la publicidad, dejamos entrar imágenes en abundancia dentro de nosotros. Muchas de ellas son insanas, propagan violencia y maldad, no hacen más que incitar los peores instintos que llevamos dentro. Son producidas expresamente para seducir. Pero quizá lo peor es que dan una idea falsa e irreal de la vida, con todas las consecuencias que se derivan de ello a continuación en el impacto con la realidad, sobre todo para los jóvenes. Se pretende, inconscientemente, que la vida ofrezca todo lo que la publicidad presenta.

Si no creamos un filtro, una barrera, reducimos en breve tiempo nuestra imaginación y nuestra alma a vertedero. Las imágenes malas no mueren en cuanto llegan dentro de nosotros, sino que fermentan. Se transforman en impulsos para la imitación, condicionan terriblemente nuestra libertad. Un filósofo materialista, Feuerbach, dijo: «El hombre es lo que come»; hoy quizá habría que decir: «El hombre es lo que mira».

Otro de estos ayunos alternativos, que podemos hacer durante la Cuaresma, es el de las palabras malas. San Pablo recomienda: «Ninguna palabra mala salga ya de vuestra boca, sino más bien palabras buenas que puedan servir para la necesaria edificación y provecho de los que escuchan» (Ef 4,29).

Palabras malas no son sólo las palabrotas; son también las palabras cortantes, negativas que ponen de manifiesto sistemáticamente el lado débil del hermano, palabras que siembran discordia y sospechas. En la vida de una familia o de una comunidad, estas palabras tienen el poder de cerrar a cada uno en sí mismo, de congelar, creando amargura y resentimiento. Literalmente, «mortifican», es decir, producen la muerte. Santiago decía que la lengua está llena de veneno mortal; con ella podemos bendecir a Dios o maldecirlo, resucitar a un hermano o matarle (cf. Sant 3,1-12). Una palabra puede hacer peor mal que un puñetazo.

En el Evangelio de Mateo figura una palabra de Jesús que ha hecho temblar a los lectores del Evangelio de todos los tiempos: «Pero yo os digo que de cada palabra inútil los hombres darán cuenta en el día del juicio» (Mt 12,36). Jesús, ciertamente, no tiene la intención de condenar cada palabra inútil, en el sentido de no «estrictamente necesaria». Tomado en sentido pasivo, el término argon (a = sin, ergon = obra) utilizado en el Evangelio indica la palabra carente de fundamento, por lo tanto, la calumnia; tomado en sentido activo, significa la palabra que no fundamenta nada, que no sirve ni siquiera para la necesaria distensión. San Pablo recomendaba al discípulo Timoteo: «Evita las charlas profanas, porque los que las hacen avanzan cada vez más en la impiedad» (2 Tim 2,16). Una recomendación que el papa Francisco nos ha repetido más de una vez.

La palabra inútil (argon) es lo contrario de la palabra de Dios que se define en efecto, por contraste, energes, (1 Tes 2,13; Heb 4,12), es decir eficaz, creativa, llena de energía y útil para todo. En este sentido, aquello de lo que los hombres deberán rendir cuentas en el día del juicio es, en primer lugar, la palabra vacía, sin fe y sin fervor, pronunciada por quien debería en cambio pronunciar las palabras de Dios que son «espíritu y vida», sobre todo en el momento en que ejerce el ministerio de la Palabra.

Padre Raniero Cantalamessa
Primera pŕedica de la Cuaresma 2014 – Parte II

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Papa dedica catequesis a San José, modelo de

educador

 

19/03/2014

    

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Francisco destacó que San José ayudó a Jesús a crecer en edad, sabiduría y gracia, siendo, por lo tanto, modelo para todos los educadores.

En el día que la Iglesia celebra a San José, fue a él que el Papa Francisco dedicó la catequesis de este miércoles 19, en la Plaza de San Pedro. Hace un año, Francisco comenzó su ministerio petrino destacando justamente la misión y el ejemplo de San José para la humanidad.

Cerca de 80 mil persona participaron de la audiencia general en que Francisco destacó que San José “merece todo nuestro pleno reconocimiento y devoción”.

Una de las características del Santo es ser protector, dice Francisco, repitiendo lo que había dicho en la Misa de inicio de su pontificado hace un año. Pero esta vez, el Santo Padre retomó este tema de protección desde otra perspectiva: el de la educación.

“Miramos para José como modelo de educador, que protege y acompaña a Jesús en su camino de crecimiento en sabiduría, edad y gracia”

Sobre el crecimiento en la edad, que es la dimensión más natural, Francisco recordó que San José, junto con María, educó a Jesús preocupándose para que no le falte lo necesario para un desarrollo saludable. Después, le enseñó a Jesús un trabajo – carpintero – y, de esta forma, lo educó.

Pasando a la segunda dimensión de educación, la de la sabiduría, el Papa explicó que José fue para Jesús un maestro y ejemplo de esta sabiduría, que se alimenta de la Palabra de Dios. “Podemos pensar en como José educó el pequeño Jesús para escuchar las Sagradas Escrituras, sobre todo acompañándolo los sábados en la sinagoga de Nazaret”.

Por último, el Pontífice habló de la dimensión de la gracia. “Aquí, sin duda, la parte reservada a San José es más limitada en relación a los ámbitos de la edad y de la sabiduría. Pero sería un grave error pensar que un padre y una madre no pueden hacer nada para educar a  los hijos para crecer en la gracia de Dios”, resaltó.

Francisco explicó que San José ayudó a Jesús a crecer en estas tres dimensiones y en esta misión de proteger y educar a Jesús, él es modelo para todo educador, en particular para cada padre.

“San José es modelo de educador y de padre. Confió entonces a su protección a todos los padres, los sacerdotes – ¡que son padres! – y a aquellos que tienen un deber educativo en la Iglesia y en la sociedad”.

El Santo Padre saludó a todos los padres en la Plaza San Pedro, pidiendo para ellos la gracia de ser siempre cercanos a los hijos. “Ellos (hijos) necesitan de vosotros, de su cercanía, de su amor. Sean para ellos como San José: guardián de su crecimiento en edad, sabiduría y gracia”.

Traducción: Thaís Rufino de Azevedo

 

VATICANO, 16 Mar. 14 / 10:26 am . Al presidir hoy el rezo del Ángelus ante la multitud de fieles congregados en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco alentó a escuchar todos los días a Jesús en el Evangelio.

“Es algo bueno, es una cosa buena, tener un pequeño Evangelio, pequeño. Y llevarlo con nosotros en el bolsillo, en la cartera, y leer un pequeño pasaje en cualquier momento de la jornada. En cualquier momento de la jornada yo tomo del bolsillo el Evangelio y leo algo, un pequeño pasaje, y ahí es Jesús que nos habla, en el Evangelio”.

Precisamente ACI Prensa ha lanzado el Desafío de los 40 días de Cuaresma, en el cual, a través de una guía, se organiza la lectura de los cuatro Evangelios a lo largo de este tiempo de preparación para la Pascua.

Para participar en el Desafío de Cuaresma, puede ingresar a: http://www.aciprensa.com/desafio

A continuación, ACI Prensa presenta a sus lectores el texto completo de las palabras del Papa previas al rezo del Ángelus de hoy, gracias a la traducción de Radio Vaticano:

Hoy, el Evangelio nos presenta el evento de la Transfiguración. Es la segunda etapa del camino cuaresmal: la primera, las tentaciones en el desierto, el domingo pasado, y la segunda: la Transfiguración. Jesús «tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado».

La montaña, en la Biblia, representa el lugar de la cercanía con Dios y del encuentro íntimo con Él; el lugar de la oración, donde estar ante la presencia del Señor. Allá arriba, en la montaña, Jesús se presenta a los tres discípulos transfigurado, luminoso, bellísimo; y luego aparecen Moisés y Elías, que conversan con Él.

Su rostro es tan resplandeciente y sus vestiduras tan blancas, que Pedro queda deslumbrado, hasta querer quedarse allí, casi como para detener ese momento. Enseguida resuena desde lo alto la voz del Padre que proclama a Jesús como su Hijo predilecto, diciendo: «Escúchenlo».

Esta palabra es importante ¡eh! Nuestro Padre que dijo a estos apóstoles, y dice también a nosotros, escuchen a Jesús, porque es mi hijo predilecto. Tengamos esta semana, esta palabra, en la cabeza y en el corazón. Escuchen a Jesús. Y esto no lo dice el Papa, lo dice Dios Padre, a todos, a mí, a ustedes, a todos, a todos.

Es como una ayuda para ir adelante por el camino de la Cuaresma. Escuchen a Jesús. No lo olviden.

Es muy importante esta invitación del Padre. Nosotros, discípulos de Jesús, estamos llamados a ser personas que escuchan su voz y se toman en serio sus palabras. Para escuchar a Jesús, es necesario estar cerca de Él, seguirlo, como hacían las multitudes del Evangelio, que lo reconocían por las calles de Palestina.

Jesús no tenía una cátedra o un púlpito fijo, sino que era un maestro itinerante, que proponía sus enseñanzas, que eran las enseñanzas que le había dado el Padre, a lo largo de las calles, recorriendo distancias no siempre previsibles y, a veces algo incómodas. Seguir a Jesús para escucharlo.

Pero también escuchamos a Jesús en su palabra escrita, en el Evangelio. Les hago una pregunta, ¿ustedes leen todos los días un pasaje del Evangelio? Sí, no, sí, no, mitad y mitad. Algunos sí, algunos no. Pero es importante, ¡eh! ¿Ustedes leen el Evangelio?

Es algo bueno, es una cosa buena, tener un pequeño Evangelio, pequeño. Y llevarlo con nosotros en el bolsillo, en la cartera, y leer un pequeño pasaje en cualquier momento de la jornada. En cualquier momento de la jornada yo tomo del bolsillo el Evangelio y leo algo, un pequeño pasaje, y ahí es Jesús que nos habla, en el Evangelio.

Piensen esto. No es difícil, ni siquiera necesario que sean los cuatro, uno de los Evangelios, pequeñito, con nosotros. Siempre el Evangelio con nosotros. Porque es la palabra de Jesús. Para poder escucharlo.

De este episodio de la Transfiguración, quisiera señalar dos elementos significativos, que sintetizo en dos palabras: subida y bajada. Tenemos necesidad de apartarnos en un espacio de silencio – de subir a la montaña – para reencontrarnos con nosotros mismos y percibir mejor la voz del Señor.

Esto lo hacemos en la oración. No podemos permanecer siempre allí.
El encuentro con Dios en la oración nos impulsa nuevamente a «bajar de la montaña» y a volver hacia abajo, a la llanura, donde nos encontramos con muchos hermanos abrumados por fatigas, enfermedades, injusticias, ignorancia, pobreza material y espiritual.

A estos hermanos nuestros que están en dificultad, estamos llamados a brindarles los frutos de la experiencia que hemos vivido con Dios, compartiendo con ellos la gracia recibida. Y esto es curioso. Cuando nosotros sentimos la palabra de Jesús, escuchamos la palabra de Jesús, y la tenemos en el corazón, ¡eh!, esa palabra crece. ¿Y saben cómo crece? Dándola al otro.

La palabra de Cristo en nosotros crece cuando la proclamamos, cuando nosotros la damos a los demás. Y esta es la vida cristiana. Es una misión para toda la Iglesia. Para todos los bautizados, para todos nosotros. Escuchar a Jesús y ofrecerlo a los demás. No se olviden esta semana. Escuchen a Jesús.

Y piensen lo del Evangelio. ¿Lo harán? ¿Harán eso? ¿Eh? Después, el próximo domingo me dirán si han hecho esto de tener un pequeño Evangelio en el bolsillo o en la cartera para leer un pequeño pasaje en la jornada.

Y ahora dirijámonos a nuestra Madre María, y encomendémonos a su guía para proseguir con fe y generosidad este itinerario de la Cuaresma, aprendiendo un poco más a «subir» con la oración y a escuchar a Jesús, y a «bajar» con la caridad fraterna, anunciando a Jesús.

a.Coraje-y-fortaleza-dos-caminos-para-vivir-la-fe-en-los-días-actuales-dentroEtiquetas: Vaticano, Evangelio, Cuaresma, Papa Francisc


La penitencia nos quiere hacer recordar una mortificación

¿Cómo discernir cual penitencia debo hacer?

Primero, la penitencia nos quiere hacer recordar algo, la mortificación de nuestra carne, de nuestros sentidos para recordar que el centro de nuestra vida, es Dios. Entonces, la penitencia tiene que ser algo que te cueste. Por ejemplo, no se puede hacer penitencia de una cosa que no puedas comer todos los días. ¿Todos los días comes caviar? No hay como hacerComo discernir cual penitencia debo hacer-dentro penitencia de caviar, siendo que no comes eso todos los días, entonces, tiene que ser algo que verdaderamente vas sentir falta. Por ejemplo: “¡Amo tomar café!” Ops! Si a mí me gusta mucho esta bebida, eso sí me hará falta. Entonces la penitencia tiene que ser alguna que te recuerde el “para qué” lo estás haciendo.

¿Si no aguantamos hasta el fin de la penitencia, vale la pena retomarla?

La Cuaresma es un periodo que se extiende por más de cuarenta días. Tenemos que luchar con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma para no caer, pero si caemos, debemos comenzar de nuevo y levantarnos, retomar, comenzar desde cero! Lo que Dios va a ver es tu deseo de cumplir y no solo si lo consigues o no!

Sin duda, va ser una victoria para ti mismo cuando llegues al fin de los cuarentas días con la gracia de Dios y ver que resististe. Vamos a suponer que haces penitencia de refresco (Penitencia es diferente de ayuno. La penitencia es algo de lo cual te abstienes, el ayuno es la abstinencia de una de tus comidas), pero el domingo de Pascua con aquella alegría piensas: “Todo este tiempo no tomé refreso, ahora que puedo, voy a celebrar”. Claro que no no vas tomar refresco que no has tomado cincuenta días.

Pero si caíste, comienza de nuevo, vuelve, pide perdón a Dios y comienza de cero, así como Dios hace en todas nuestras realidades.

¿El domingo también se hace penitencia? ¿ Qué dice nuestra Iglesia sobre comer o no comer carne los miércoles y viernes de Cuaresma? ¿Es obligatorio?

Vale la pena explicar lo que es ayuno y lo que es penitencia. La Iglesia, por tradición, tiene los días de guardar y por tradición los viernes son días de penitenciales.¿Qué es ayuno? Existe una diferencia clara entre ayuno y penitencia; existe el ayuno de la Iglesia que es el mas simple. El ayuno es solo abstenerse de una o de todas las comidas, teniendo una finalidad. El viernes como es tradición de la Iglesia, por lo general es un día de abstinencia de carne, aún más los viernes de la Cuaresma, como el miércoles de Cenizas, también es un día que no comemos carne.

La Penitencia, como ya he dicho, es una cosa que tu retiras, que puedes ser algo de alimento o puede ser alguna actitud. El Domingo no es día de ayuno, pero, puedes mantener tu penitencia. Supongamos que hagas una penitencia cuaresmal de no comer chocolate, imagina qué fácil sería si dejo de comer chocolate de lunes a sábado y el domingo como todo lo que quiero.

Como es una penitencia tu puedes llevarla hasta el fin de la Cuaresma. Entonces,¿qué día debemos ayunar? La Iglesia nos pide que practiquemos ayuno todos los viernes de la Cuaresma y los otros días de la cuaresma, puedes ir adaptandolo conforme a tu realidad y tu salud. Recordemos: Hacemos memoria, nosotros celebramos el tiempo que Jesús pasó en el desierto, nosotros vamos celebrar su pasión, muerte y resurrección, pero sin olvidarnos de que Jesús Cristo está vivo. Entonces, domingo es día de celebrar la resurrección de Jesús, sea en la Cuaresma o en cualquier realidad, por eso, domingo no es día de ayuno. Pero, no “seas un descarado”, tu no necesitas suspender tu penitencia los domingos! Tu puedes vivir en cualquier época, tanto en el tiempo de la Cuaresma como en cualquier tiempo litúrgico.

Traducción: Thaís Rufino de Azevedo

Renan Félix

 

Santos no son superhombres sino personas que han conocido el amor de Dios, dice el Papa.

El Papa Francisco pide rezar por él en el primer año de su pontificado

El secretario personal del Papa Francisco, Mons. Alfred Xuereb, reveló aspectos poco conocidos de la vida cotidiana del Pontífice en el Vaticano. Según este cercano colaborador, el Pontífice olvida sus dolencias físicas para estar cerca de la gente, y si necesita hacer una pausa no opta por tomar una siesta sino por rezar el Rosario.

“Créame ¡No pierde un solo minuto! Trabaja incansablemente. Y cuando siente la necesidad de tomar una pausa, no es que cierre los ojos y no haga nada: se sienta a rezar el Rosario. Creo que reza al menos tres Rosarios al día. Me dice: ‘Esto me ayuda a relajarme’. Después retoma el trabajo”.

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La vida de fe está intimamente ligada a la caridad

El Santo Padre destacó el problema de la hipocresía, afirmando que el ayuno más dificil es el de la bondad. 

 “¿Acaso me averguenzo de la carne de mi hermano y mi hermana?”. Esta fue una de las preguntas que caracterizó la homilía del Papa Francisco en la Misa de este viernes 7 en la casa Santa Marta. El Santo Padre resaltó que la vida de fe está intimamente ligada a una vida de caridad con los pobres, sin la cual lo que se profesa es solo hipocresía.

Francisco se concentró en lo que es el verdadero cristianismo. No se trata de una regla sin alma, un prontuario de observaciones formales para aquellos que visten un buen rostro de hipocresía para esconder un corazón vacío de caridad. El cristianismo, según él, es la misma carne de Cristo que se curva, sin avergonzarse, ante el que sufre.papa-fé-caridade

Para explicar esta contraposición, el Papa Francisco retomó el diálogo presente en el Evangelio del día, entre Jesús y los doctores de la ley. Éstos criticaron a los discípulos por el hecho de no respetar el ayuno, a diferencia de ellos y de los fariseos. El hecho, dice el Papa, es que los doctores de la Ley habían transformado la observancia de los mandamientos en una “formalidad, transformando la vida religiosa en una ética y olvidando la raíz, es decir, la historia de salvación, la alianza”.

“Recibir del Señor el amor de un Padre, recibir del Señor la identidad de un pueblo y después transformarlo en una ética y rechazar aquel don de amor”. Esta gente hipócrita, hacen todo lo que se debe hacer, parecen buenas, pero perdieron el sentido de pertenencia a un pueblo. El Señor da la salvación dentro de un pueblo, en la pertenencia a un pueblo.

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El papa Francisco partió en pullman para los

ejercicios espirituales

10/03/2014

  

Se realizan a pocos kilómetros de Roma, por primera vez en la historia fuera del Vaticano. Duran hasta el viernes 14

El papa Francisco con otros ochenta religiosos entre cardenales, obispos y sacerdotes viajó en autobús a la localidad de Ariccia, a unos 30 kilómetros del Vaticano, para realizar con la curia romana los ejercicios espirituales. Los dos autobuses que partieron del Vaticano llegaron a la residencia de los paulinos, “Casa Divin Maestro” poco antes de las 17 horas.

Los mismos que durarán hasta el viernes 14 de marzo y serán predicados por el párroco Angelo de Donatis, de la iglesia céntrica romana San Marco Evangelista. El tema de los ejercicios espirituales es “La purificación del corazón”. El programa de este domingo inició a las 18 horas con la oración de las vísperas, una meditación y la adoración eucarística.

Es la primera vez que los ejercicios espirituales se realizan fuera del Vaticano, y ha sido una decisión del papa Francisco, para permitir así a los participantes estar lejos de las actividades habituales. Todos los años los papas han participado en retiros espirituales en esta época del año, pero dentro del Vaticano. Cada uno de los participantes, según informó la RAI, se pagarán los gastos del retiro de su propio bolsillo.

El primer aniversario de la elección del papa Francisco por lo tanto será en el silencio de los ejercicios espirituales.

Las jornadas del retiro inician todos los días con la santa misa a las 7,30 de la mañana y hay dos meditaciones a partir de las 9,30. Por la tarde a las 16 se rezan las vísperas, seguida a las 18 horas por una adoración del Santísimo Sacramento, según informó la Radio Vaticano.

El viernes por la mañana es el regreso hacia el Vaticano, y durante esta semana quedan suspendidas todas las audiencias, incluida la del próximo miércoles.

Fuente: ZENIT.org

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La alegría verdadera es EN el Señor

“Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca. No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús.” (Filipenses 4,4-7).

San Pablo completa este texto en la primera carta a los Tesalonicenses (1 Tes 5,16-18): “Estén siempre alegres, oren sin cesar, Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús”

No existe un santo malhumorado o triste, los santos son personas alegres. ¿será que es posible ser alegre en este mundo lleno de calamidades, violencia y corrupción? Si la Palabra de Dios dice: alégrense en el Señor, es porque debemos y podemos hacerlo. San Pablo nos da la receta de la alegría: está en el Señor, no está en el equipo de Futbol, ni en el carro ni en los bienes materiales.ProfFelipedentro

“Mientras más sufrimos, más tenemos que rezar”, enseña Juan Pablo II. La fe es más grande que cualquier sufrimiento del mundo. Por eso la Palabra dice:

“No dejes que la tristeza se apodere de ti ni te atormentes con tus cavilaciones. Un corazón alegre es la vida del hombre y el gozo alarga el número de sus días. Vive ilusionado y consuela tu corazón, y aparta lejos de ti la tristeza, porque la tristeza fue la perdición de muchos y no se saca de ella ningún provecho. Un hombre de corazón alegre tiene buen apetito y lo que come le hace provecho.La envidia y la ira acortan la vida y las preocupaciones hacen envejecer antes de tiempo.” (Eclesiástico 30,22-ss).

La alegría es un don de Dios, don del Espíritu Santo, por eso podemos ser alegres hasta en los momentos difíciles de la vida. Recordando que placer y alegría son dos cosas diferentes. El placer es el deseo del cuerpo, el placer desordenado deja sabor de muerte por donde pasa, mientras que la alegría bien vivida deja sabor de vida.

¿Cómo viviremos la alegría en este valle de lágrimas? Cogiendo las manos de Dios. Dios no nos abandona nunca. Es dogma de fé, que desde nuestro bautismo, Dios Padre habita en nuestros corazones, en nuestra alma. No busques fuera de Dios, lo que está en él, y si Él está con nosotros, nada debemos temer.

El autor del libro “El Principito” dijo que “lo esencial es invisible a nuestros ojos”. Necesitamos aprender a hacer la voluntad de Dios, porque quien no hace la voluntad de Dios, no es feliz.

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