Oración de liberación

Oración de liberación

El Señor Jesús en la última petición del Padrenuestro exhorta a todos sus discípulos a pedir continuamente al Padre del Cielo la liberación del Mal. Explicando el sentido de esta última petición de oración del Señor el catecismo de la Iglesia Católica afirma que <<en esta petición, el Mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El “Diablo” (“diabolos”) es aquel que “se cruza” en el designio de Dios y en su “obra de salvación” realizada en Cristo>> (n.2851). <<Al pedir que seamos liberados del Maligno, pedimos igualmente estar libres de todos los males, presentes, pasados y futuros, de los cuales él es autor e instigador>> (n.2854)

Esta oración de liberación que sigue a continuación pide a nuestro Padre del Cielo la liberación del Maligno y de todos los males los cuales él es el autor e instigador. Se puede rezar pidiendo a Dios la liberación de la influencia diabólica para uno mismo o intercediendo por otra persona.

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en el combate; sé nuestro auxilio contra la perversidad y las asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y Tú, Príncipe de la milicia Celestial, lanza al infierno con el divino Poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

Lectura del Libro del Deuteronomio (Dt 18, 9-12). Cuando hayas entrado en la tierra que Yavé, tu Dios, te da, no imites las costumbres perversas de aquellos pueblos. Que no haya en medio de ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego; que nadie practique encantamientos o consulte a los astros; que no haya brujos ni hechiceros; que no se halle a nadie que se dedique a supersticiones o consulte los espíritus; que no se halle ningún adivino o quien pregunte a los muertos. Porque Yavé aborrece a los que se dedican a todo esto, y los expulsa delante de ti a causa de estas abominaciones. Palabra de Dios. Te alabamos Señor.

cancaonova

Salmo 105 (106), 34-40

Repetir: Por vuestra infinita misericordia, sálvanos Señor.

No destruyeron a los pueblos que Yavé les dijo; antes se mezclaron con las naciones y aprendieron sus obras.

Y sirvieron a sus ídolos, los cuales fueron causa de su ruina. Sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios.

Y derramaron la sangre inocente, la sangre de sus hijos y de sus hijas, que ofrecieron en sacrificio a los ídolos de Canaán, y la tierra fue contaminada con sangre.

Se contaminaron así con sus obras, y se prostituyeron con sus hechos. Se encendió, por tanto, el furor de Yavé sobre su pueblo.

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 16, 15-20): Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se niegue a creer se condenará. Estas señales acompañarán a los que crean: en mi Nombre echarán demonios y hablarán nuevas lenguas; tomarán con sus manos serpientes y, si beben algún veneno, no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y quedarán sanos.» Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos, por su parte, salieron a predicar en todos los lugares. El Señor actuaba con ellos y confirmaba el mensaje con los milagros que lo acompañaban.

Palabra de Salvación. Gloria a Ti Señor Jesús

¿Renuncias a Satanás y a todos sus ángeles? Sí, renuncio. ¿Renuncias a todas sus incitaciones al pecado y a la rebelión contra Dios? Sí, renuncio. ¿Renuncias a todas sus seducciones: a la magia, a la hechizería, a la brujería, a la astrología, a la adivinación, a la invocación de los muertos, al espiritismo, a la idolatría, a los cultos satánicos, a la música satánica, a la superstición y a todas sus formas de ocultismo? Sí, renuncio. ¿Crees en Dios, Padre todo poderoso, creador del cielo y de la Tierra? Sí, creo. ¿Crees en Jesucristo, su único hijo, Nuestro Señor, que nació de María la Virgen, padeció, fue sepultado, resucitó de entre los muertos, está sentado a la derecha del Padre y vendrá de nuevo a juzgar a los vivos y a los muertos? Sí, creo. ¿Crees en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna? Sí, creo. Esta es nuestra fe. Esta es la fe de la Iglesia, que nos gloriamos de profesar, en Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Fieles a las enseñanzas del Salvador nos atrevemos a decir: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Líbranos de todo mal y de toda perturbación diabólica, Tú, que por la muerte y resurrección de Jesucristo, tu amado Hijo, nos liberaste del poder de las tinieblas y de la muerte y nos transferiste para tu Reino de luz y santidad, libera ahora a este hermano nuestro N. de todo dominio y atadura con satanás y sus ángeles. Libéralo de todas las fuerzas del mal, aplástalas, destrúyelas para que N. pueda quedar bien y vivir según tu santísima Voluntad. Libéralo de todos los maleficios, de las brujerías, de la magia negra, de las misas negras, de los hechizos, de las maldiciones, de los males de ojo, de los ritos satánicos, de los cultos satánicos, de las consagraciones a Satanás. Destruye cualquier unión con Satanás y con todas las personas ligadas a Satanás, vivas o difuntas. Libéralo de toda infestación diabólica, de toda posesión diabólica, de toda obsesión diabólica, y de todo aquello que es pecado o consecuencia del pecado. Destruye todos estos males en el infierno para que nunca más atormenten a N. ni ninguna otra criatura del mundo.

cancaonova

Dios Padre todo poderoso, te pido, en nombre de Jesucristo Salvador y por la intercesión de la Virgen Inmaculada que ordenes a todos los espíritus inmundos, a todas las presencias que atormentan a N., a dejarlo inmediatamente, a dejarlo definitivamente para ir al infierno eterno, encadenados por San Miguel Arcángel, por San Gabriel, por San Rafael, por nuestros ángeles de la Guardia, aplastados bajo el talón de la Santísima Virgen María, nuestra Madre Inmaculada. Tú, que creaste el hombre a tu imagen y semejanza en la santidad y en la justicia, y después del pecado no lo abandonaste sino que como sabia providencia cuidaste de su salvación por el misterio de la encarnación, pasión, muerte y resurrección de vuestro amadísimo Hijo, salva a este tu siervo y libéralo del mal y de la esclavitud del enemigo; aleja de él el espíritu de mentira, soberbia, lujuria, avaricia, ira, envidia, gula, pereza y toda especie de maldad. Recíbelo en tu Reino, abre su corazón para entender tu Evangelio, para que viva siempre como hijo de la luz, dé testimonio de la verdad y practique obras de caridad según tus mandatos. Con el soplo de Tu boca expulsa, Señor, los espíritus malignos, ordena que se retiren porque ha llegado tu Reino. Por Nuestro Señor Jesucristo, Tu Hijo, que es Dios contigo en la unidad del Espíritu Santo. Amén.

El Señor te libre de todo mal, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Bendigamos al Señor.

Demos gracias a Dios.

*Con aprobación eclesiástica.

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